27, el club de las conspiraciones, los astros y el delirio

El cine nacional que llega a la pantalla comercial aguantando los trapos del género siempre es bienvenido y esperado. Este es el caso de 27, El club de los malditos, una suerte de policial en tono de comedia, lo nuevo de Nicanor Loreti (Diablo, Kryptonita y la serie Nafta Super), que tiene estreno planificado recién para el 4 de enero pero ya podemos anticiparte que la rompe.Martin Lombardo (Diego Capusotto) es uno de esos policías que no sabés cómo están ahí. Con aptitudes de detective a la vista pero con claras intenciones autodestructivas, no le importa aplicar sus propios métodos y saltearse los procedimientos con tal de descubrir la verdad. Su camino se cruza con el de Paula (Sofía Gala), una groupie que tiene información de relevancia sobre la muerte de Leandro de la Torre (El Polaco), un músico que muere en el ápice de su gloria a los 27 años, pasando a integrar lo que la cultura popular denomina como el Club de los 27, ese grupo maldito de artistas fallecidos por suicidios o sobredosis a esa edad, integrado por Amy Winehouse, Janis Joplin y Sid Vicious, entre otros. Juntos irán descubriendo que estas muertes no sfueron casuales, sino que hay todo un entramado de conspiraciones, envidias, celos e incluso elementos astrológicos que confirman que el azar no tuvo nada que ver.A lo largo del primer acto la película se hace un poco caótica. Tiene varias tramas para presentar, porque además de Paula y Lombardo está el bando de villanos con Daniel Araoz a la cabeza, y la narración se encarga de hacernos presenciar algunos flashbacks que recrean las muertes de algunos de los artistas mencionados. Que sea caótica no es una cualidad negativa, en absoluto, sino que le imprime una frescura y un espíritu rockero que te engancha para que la sigas viendo.
Otro de los ganchos es la originalidad de la propuesta. Fuera del circuito independiente no se ha visto este cóctel de teorías conspirativas, astrología e ídolos del rock. Y seamos honestos, si existe en Crónica TV un programa dedicado íntegramente a las tragedias de los famosos es porque a todos en alguna medida nos atrapa el morbo.Lombardo es un personaje magnético. Sus ambiciones chocan constantemente con su desprecio a sí mismo (no te haces cagar a trompadas por una multitud de hinchas de Independiente si te querés un poco), convirtiéndolo en un antihéroe que, más por sus defectos que por sus virtudes, lleva la acción adelante. El personaje no encaja dentro de lo que podríamos considerar como un policía realista (de hecho nada en la película pretende serlo), sino que traspasa los límites cada vez más y el espectador está constantemente esperando a ver cuánto más lejos va a llegar en su próxima intervención.Si bien una serie de placas iniciales se ocupan de aclarar que lo que vamos a ver no sucede en nuestra realidad, la película destila argentinidad por todos lados. El fútbol como tópico recurrente, algunos elementos foráneos (una tira de Mafalda en la contratapa del diario que lee Lombardo, por ejemplo) y una serie de easter eggs vinculados al cine más independiente nacional que le van a arrancar una sonrisa al que los reconozca, hacen que la historia no pueda transcurrir en ningún lugar que no sea Argentina.Lo más significativo de 27, El Club de los Malditos es que sigue engrosando el corpus de películas con salida comercial que se anclan fuertemente en lo local pero que se permiten sumar elementos de fantasía y ciencia ficción con naturalidad, sin necesidad de sobreexplicarlos ni justificarlos. Asumir que se puede hacer cine de género sin pedir disculpas ni permiso, con huevos y convicción, es la mejor manera de sacarle al espectador medio los prejuicios que lo llevan a decir que nuestro cine es una porquería antes de darle siquiera play a un tráiler.

por Ayi Turzi

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