#33mdqfest: Soy Tóxico

Panorama Las Venas Abiertas
ARGENTINA, 2018 76’ / DCP / COLOR ESPAÑOL – SPANISH
Dirección: Pablo Parés
Intérpretes: Esteban Prol, Horacio Fontova, Sergio Podeley, Gastón Cocchiarale, Fini Boccino

Por Ayi Turzi

En un futuro distópico (esperemos) y como consecuencia de una guerra bacteriológica entre los poderosos del hemisferio norte, Sudamérica quedó desierta, destruida, poblada por unos pocos sobrevivientes que no han sido infectados y que viven ocultándose de “lo secos”, criaturas con aspecto zombie que vagan por los desiertos.
Con una estética muy similar a Mad Max, la película nos muestra las aventuras de el Perro, un hombre que ha perdido la memoria y se encuentra con un grupo de humanos sin infección, que rápidamente lo llevan a su guarida. Si este grupo es de fiar y cuales son sus intenciones es lo que responde el relato, así que acatamos política de no spoiler y no revelamos más nada de la trama a partir de aquí.


La película, si bien fue rodada en cuatro semanas, tiene una cantidad de planos muy superior a la habitual, con un montaje que requiere una combinación de pequeños fragmentos constante pero sin entrar en el terreno de lo experimental: es como un rompecabezas donde pequeñas piezas contarán una historia clásica y de modo lineal (aunque si, hay algunos flashbacks). Esta decisión de puesta en escena hace de alguna manera juego con la situación del Perro, que lucha por recordar, por saber quién es y qué paso, replicando la unión de pequeñas piezas para formar un todo, procedimiento que se da dentro de su cabeza.
Ampliando sobre la estética y habiendo visto Daemonium, es innegable que la onda futuro distópico o postapocalíptico es algo que a Pares y a su equipo se les da particularmente bien. Mucha textura, mucha mugre, mucho detalle. Ya es una confirmación que el cine nacional que quiere hacer algo elaborado, complejo y que no transcurra en el living de una casa realista puede hacerlo con excelentes resultados. Y no solo desde la ambientación, la iluminación y la puesta de cámara, incluyendo drones para mostrar lo árido y vacío del terreno, juegan en conjunto para lograr un resultado de primer nivel.


A modo de conclusión, Soy Tóxico podría considerarse, de alguna manera, una metáfora del cine de género no autogestionado en la actualidad, aquel que sigue luchando por conseguir medios de producción profesionales. Metáfora que no será explicada por la promesa de no spoilear, pero que se pone de manifiesto en la última (y esperanzadora) escena.
Ah! Imperdible un pequeño guiño muy sutil aprovechando la presencia de Horacio Fontova.¡Veanla!

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