Adiós a Pino Solanas: Cámara, compromiso, y emociones

El reciente 6 de noviembre, Fernando “Pino” Solanas, fallecía en París víctima del COVID-19. Un realizador sensible que llevó su compromiso tanto detrás de cámara, como en su “vida política”. ¿Cuál fue el recorrido artístico del director que dejó su huella sabiendo captar con su lente el sentimiento de una sociedad? Nos lo cuenta su tocayo Fernando Sandro.

La madrugada del 7 de noviembre nos recibía con una tristísima noticia. Fernando “Pino” Solanas perdió la batalla frente al Coronavirus del que había dado parte semanas atrás. Aunque había esperanzas de recuperación, el virus que tiene a todo el mundo sumido en una pandemia, no dio tregua a su físico de 84 años. Un cuerpo que no tuvo una vida cómoda y fácil, y siempre estuvo presente para ponerle el pecho a diferentes causas sociales que acatan a las minorías.

¿Pero qué hacemos en una página dedicada al cine de género, fantástico, y bizarro, hablando de Pino Solanas? A su modo, cuando abordó sus emblemáticas ficciones, Pino se introducía en la fantasía, jugaba con  lo onírico, y prescindía de lo literal, para expresar el sentir social que lo tocaba de cerca. Su cine de la vuelta de la democracia, hasta fines del Siglo XX, es cine fantástico, sin conceder su visión de fuerte compromiso.

El cine de la militancia

Luego de cursar estudios en teatro y música (además de derecho), en 1962 realiza su primer trabajo audiovisual, el cortometraje Seguir andando inaugurando paralelamente su Estudio de producción.

Habiendo tenido una formación política dentro del peronismo, de la mano de figuras como Arturo Jauretche, John William Cook, y Raúl Scalabrini Ortíz; en 1968, cuando el Justicialismo estaba proscripto, realiza clandestinamente el hito documental de La hora de los hornos, emblema del cine comprometido políticamente en Argentina, y también centro de la censura (aún al día de hoy hay material que se considera perdido) y la persecución idelógico artística. Las historias relacionadas al modo en que este trabajo era presentado al público, y se hacía circular a espaldas del régimen gobernante de Onganía, merecerían todo un artículo aparte. Solanas ya se mostraba como un valiente que ponía el compromiso delante de su vida.

Lejos de apaciguarse, al año siguiente, la figura política con el cine como arma se agigantaría con la creación del Grupo Cine Liberación junto a Octavio Getino y Gerardo Vallejos. Grupo que le permitiría, además de una posición política activa, la posibilidad de filmar las ya míticas entrevistas cinematográficas a un Perón exiliado ,La revolución justicialista, y Actualización doctrinaria para la toma del poder.

Estando amenazado por la Triple A, filma su primer ficción en 1975, Los hijos de Fierro, también de marcado tinte político sindical; y al año siguiente se exilia con destino final en Francia.

Durante este triste período, su actividad artística merma (sólo logra el documental La mirada de los otros de 1980), pero se afirma aquel hombre comprometido con las causas sociales.

El cine del ensueño y la desazón

1983 lo sorprende con una democracia retornando y todas las esperanzas de aires nuevos. Dos años después plasma el testimonio del sentir de esa época en Tangos… el exilio de Gardel, inaugurando una poética melancólica y esperanzadora de lo que estaba sucediendo en el país. La bohemia, el renacer cultural, el rebrote esperanzador, y la libertad que surge desde mostrar pechos de manera no provocativa, a improvisar un baile callejero que exprese porteñidad.

Tanto esta, como la siguiente Sur, de 1988, con la emblemática figura de Goyeneche; son un símbolo de un cine porteño y progresista, que le habla al corazón de aquel que tuvo que callarse o exiliarse, perdiendo su centro y esencia, y ahora se rencuentra con aquellos viejos valores.

Con estos dos filmes como configuración de cine post dictadura, se abre la llave a un cine expresionista, onírico, simbólico; en el que a diferencia del documental, la imagen figurativa (plagada de coreografías, maniquíes, actuaciones recargadas, y símbolos de un patriotismo desgastado, ruinoso, pero en pie) lo es todo, y la fantasía nos permitiría seguir viviendo. Aún cuando ya en Sur comenzaba a verse cierta desazón de sueños quebrados.

Es durante esta etapa que también se crea una suerte de dualidad en el cine peronista expresionista. El eterno Favio, que en 1993 regresaría para filmar aquel símbolo del sentir peronista llamado Gatica, El Mono, y el cine de Pino como emergente del militante político reconfigurado. El peronismo del pueblo, y el peronismo progresista quizás más de izquierda intelectual y bohemio. Algo que también hizo que la relación entre ambos realizadores fuese peculiar con alguna anécdota de celos y rencilla en el medio ¿Casualidad? El deceso de Pino se produce un día después de otro aniversario del fallecimiento de Favio. Quizás para años próximos pueda hablarse de una semana del cine, o el arte, peronista.

A Sur le seguiría la malograda El viaje, con fecha de estreno pautada para 1991, y que debió postergarse un año luego de sufrir un atentado con armas de fuego por parte de un comando para estatal a causa de sus denuncias de traición al electorado y al pueblo en sí por parte de Carlos Menem, y su lucha sindicalista audiovisual que incluía una fuerte oposición a la privatización del sistema de medios estatal.

El viaje es una cinta amarga, con poca esperanza, densa, difícil de sobrellevar, quizás trágica, inundada, desbordada, de juventudes perdidas, y sueños desmigajados. Pero aún más opaca y figurativa sería la pesadilla de La nube, estrenada en 1998, y de casi nulo éxito comercial por las salas (algo similar a lo que sucedió con Favio y Aniceto).

Un año antes del fin del menemismo, Solanas ya adelantaba una sociedad diezmada, perdida; a su modo, post apocalíptica. Sobreviviente de una inundación que arrasó con todo y extraviada en una nube que no nos deja visibilizar un horizonte. Sus personajes son soñadores, artistas de sueños cansados y quebrados. Resistentes de ver su teatro convertido en un shopping. Un abrazo contenedor resulta todo un símbolo para resistir.

Para la época entre El viaje y la incomprendida en ese entonces (valorada años después en retrospectiva) La nube, Pino se concentró en su figura política. Sobre todo a partir de la Reforma Constitucional de 1994, que logra integrar como constituyente, para introducir clausulas atenientes al fomento cultural; y posteriormente como Diputado, haciendo base en hablar de una ley de protección y fomento audiovisual que quedaría  en lo Utópico por ese entonces.

Entre el ninguneo a La nube, y el choque de la realidad que aniquiló cualquier sueño, volvería al cine, desde un costado necesariamente más realista.

El cine de los que no vemos

En 2004 nos da una sacudida, poniendo el foco en los  desprotegidos, con una acabada síntesis de los años vividos desde los 90 hasta entonces. Memorias del saqueo es un documental tan apabullante como contundente. Un palazo de esos que dejan marca y no se olvidan. Una pieza triste pero insoslayable, celebrada por la perfeta síntesis de aquellos que quedaron fuera del sistema mientras otros festejaban la fantasía cambiaria.

El éxito en todo sentido de Memorias del saqueo, se completa con otros dos documentales, La dignidad de los nadies, y Argentina latente, de 2005 y 2007 respectivamente, similar al tríptico de La hora de los hornos. Configurando la idea de caída y marginación (Memorias…), resistencia desde el fondo (La dignidad…), y renacer (Argentina latente).

Paralelamente, su sueño y proyecto desoído de los ’90 de crear MercosurTV, es concretado en Telesur.

En 2008 comienza una nueva serie de films documentales abocados a causas sociales concretas, utilizando a La próxima estación, de ese año y sobre el aniquilamiento de nuestro sistema ferroviario – que cobró fuerza a posteriori con la Tragedia de Once –, como un link entre la anterior trilogía y estos nuevos conceptos que tratarían la desprotección y desmantelamiento relacionado a causas sociales y de medio ambiente. El díptico Tierra sublevada: Oro impuro (2009) y Oro negro (2011), La guerra del Fracking (2013), y Viaje a los pueblos fumigados (2018) forman este período claramente influenciado por una actividad política fuerte que lo tendría como protagonista cada vez más importante (su discurso como Senador en 2018 a favor del Aborto LSG es memorable). En el medio, en 2016 intentó dejar un mensaje a las generaciones futuras recreando aquellas entrevistas a Juan Perón de las que fue interlocutor, con El legado estratégico de  Juan Perón, que en parte fue criticado por pretender ubicarse en la piel de mejor alumno del movimiento, y la voz que llevaría el mensaje.

Realizador atípico. Pino Solanas supo conjugar como nadie, cine y activismo desde adentro. Su figura de inmensas dimensiones no sólo será recordada en los ámbitos cinematográficos, el progresismo de los últimos treinta años le debe varios aportes. Soñador, contenedor, contundente, poético aún en dónde otros sólo verían barro, único. Nos dejó una lucha por nuestra cultura y el respeto a las minorías que, esperamos, sepamos continuar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *