BARS19: The Laplace´s demon

Un grupo de científicos arriban a una casona en el medio de la nada. Deberán pasar la noche allí encerrados para corroborar una fórmula: todas sus acciones pueden ser predichas. Desde una cinta de video el anfitrión les explica los propósitos de la convocatoria, que van cotejando, con terror: unas piezas de ajedrez colocadas dentro de una miniatura de la mansión reproducen sus movimientos en tiempo real.

Los invitados no fueron seleccionados al azar, sino que han desarrollado algún tipo de estudio en relación al demonio de Laplace y conocen la noción: si un “demonio” o entidad superpoderosa sabe la ubicación de todos los átomos del universo en un momento dado, podría acceder a la ubicación de los mismos en el futuro o en el pasado aplicando los principios de la mecánica clásica. La premisa recuerda, en este sentido, a la brillante La habitación de Fermat que aísla a un grupo de matemáticos que sólo podrán salvarse de la muerte resolviendo un acertijo (si no la han visto, recomendación absoluta de la casa, y una gran oportunidad para ver a un Federico Luppi real de carne y hueso full HD no 3D).

El hecho que The Laplace´s Demon sea italiana y que su imagen sea en blanco y negro, con momentos de alto contraste ya la sitúa en la vereda opuesta a lo que solemos ver. La puesta, clásica pero con una reconocible influencia expresionista, no aburre en ningún momento y refuerza la tensión y el suspenso que se construyen sólidamente desde la trama. Los efectos visuales, tanto físicos como digitales, generan una extraña mixtura que recuerda a clásicos de los ´80.

El modo en que la construcción de la trama y los elementos tanto visuales como sonoros confluyen logran mantener al espectador al borde de la butaca las casi dos horas que dura la película. Literal, experiencia de quien suscribe en coincidencia con otras personas que han podido verla.

Sin dudas, la película constituye un soplo de aire fresco en la cinematografía que la mayoría de los humanos occidentales solemos ver. Sin ser novedosa, porque además de La habitación de Fermat nos recuerda a Diez negritos, una de las novelas más populares de Agatha Christhie, a la franquicia Saw e incluso a Twilight Zone, combina sus elementos de modo sólido y coherente. Lo que puede desmotivar un poco, nobleza obliga a decirlo, es el final. Cuando se construye algo muy grande e intricado es difícil cerrarlo manteniendo el nivel de complejidad. A colación de esto, nos permitimos hacer un recomendación: en primer lugar, véanla. La experiencia vale la pena aunque el giro final pueda no satisfacerte si sos un espectador exigente.

Por Ayi Turzi

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