Black Mirror 2.0: Bandersnatch

¡Qué lindas que eran las primeras temporadas de Black Mirror! De impecable calidad, relatos construidos minuciosamente que tocaban fibras muy sensibles del espectador, dejándolo sensibilizado, perturbado, con miedo de agarrar el celular o entrar a internet. Nada más alejado de Bandersnach, su última producción, de carácter interactivo, estrenada hace unos días en Netflix.

El “evento”, de hora y media aproximada de duración, se puede abordar desde muchas perspectivas. En primer lugar, su narrativa. Ambientada en la década de los 80 (década con la cual hay que dejar de robar por lo menos por tres años) nos cuenta la historia de Stefan, un desarrollador de videojuegos novato que tiene la intención de hacer un juego que opera como espejo del formato propuesto: un recorrido que va eligiendo el jugador a través de diferentes opciones. Si, a todos nos remite automáticamente a los libros de Elige tu propia aventura. La peripecia de Stefan se va complicando (o no) a través de las opciones que el espectador elija. Porque el otro comentario inevitable a la hora de hablar de Bandersnach es su presunción de interactividad. Y digo presunción por lo siguiente: a través del control remoto (o con el mouse, o de modo táctil) uno puede elegir diferentes opciones sobre qué va a hacer en principio el protagonista. Las posibilidades de elección van desde qué cereal desayunar hasta matar o no a alguien. El tema, es que a la tercer o cuarta vuelta que se le da al recorrido, se nota que las opciones son siempre más o menos las mismas o derivan en los mismos caminos, o que la opción elegida no tiene mucho que ver con lo que pasa a continuación. Las reflexiones que propone sobre el libre albedrío y las consecuencias de nuestras decisiones se desdibujan al poder dejarnos empezar el recorrido de nuevo una vez finalizado.

No es la primera producción que plantea este tipo de interacciones, pero Netflix + Black Mirror es una combinación que garantiza boca a boca y masividad al margen de la originalidad. Esto podría leerse como un paso más en la política de contenidos de Netflix: el espectador cree que tiene la opción de elegir con facilidad, y esa comodidad suele nublar los juicios de valor sobre la calidad de las producciones. Está al alcance de la mano, lo recomienda todo el mundo, y automáticamente se convierte en algo genial. Bueno, pero este análisis / opinión sobre lo que genera Netflix se escapa del comentario sobre el episodio. O no, no se escapa: justamente el planteo de la serie toca las diferentes tecnologías y sus implicancias.

La sensación contundente que si deja Bandersnach, es su carácter de “impirateable”: se puede bajar por Torrent o ver en otras plataformas online, pero si no es a través de las opciones de Netflix (que incluso no están disponibles en versiones anteriores del mismo servicio o en determinados dipositivos) no se puede acceder al juego. Eso, la obligación de compra encubierta para poder “jugarlo” es lo realmente perturbador. Esta nota no es una oda a la piratería, ni una defensa a la ilegalidad, solo que quien suscribe ha quedado particularmente impactada por los recursos cada vez más ingeniosos y perversos que toma el capitalismo para obligarte a consumir.

En conclusión: hay que verla, se puede convertir en un punto de inflexión en el modo en que consumimos audiovisual, del mismo modo que Netflix como plataforma es un punto de inflexión en sí misma. La historia es banal, se pierde de profundizar en muchos aspectos, la crítica a las tecnologías tan característica de está casi ausente por su propio formato pero es una propuesta diferente y entretenida, y en época de fiestas todos solemos tener bastante tiempo libre.

Por Ayi Turzi

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