Campfire Tales ¿Le temes a la oscuridad?

Un accidente de auto deja a unos adolescentes varados en una iglesia abandonada, mientras esperan por ayuda se cuentan historias basadas en leyendas urbanas.

¿Qué tienen en común James Marsden, Amy Smart, Christine Taylor y Christopher Masterson? Todos actuaron en esta antología de terror dirigida por Matt Cooper, Martin Kuner David Semel. El solo hecho de ver a estos actores al principio de su carrera ya sería un motivo suficiente para recomendarla, pero afortunadamente Campfire tales (1997) es una película cuyas virtudes la vuelven valiosa.

Si bien la historia principal es predecible no se puede negar que los actores son convincentes con el escaso material con el que trabajan y dicen sus diálogos lo mas profesional posible. Nadie destaca pero todos son funcionales a la narración de los distintos directores. Como antología Campfire tales tal vez no sea de los mejores exponentes, pero aun así es mucho mejor que otras más celebradas como la trilogía V.H.S por una mezcla de razones.

La principal es que se tratan de historias cortas que no superan los veinte minutos, lo cual funcionan debido a que los directores van al grano, estableciendo rápidamente a los personajes y el contexto donde se mueven. Más importante aún es que trabajan con leyendas urbanas y ese elemento termina siendo el más interesante. Estas historias elegidas tienen algo de universal, de que podrían transcurrir en cualquier lado y eso las vuelve más cercanas, sobre todo una que abandona lo fantástico para jugar con lo real y tangible, y que es una prueba de cómo crear una historia con una material ya existente, darle una vuelta y dejar la ventana abierta para que el terror siga en la mente de los espectadores.

Esa historia es la tercera, que cuenta los peligros de chatear con desconocidos. La historia es de lo más rutinaria pero a veces en esa simpleza se puede encontrar mucho. Y esto es lo que sucede, Martin Kunert se encarga de dirigirlo al igual que la historia que abre a la película. Una especie de vuelta de tuerca de la leyenda del asesino del gancho y la parejita en el auto. Presentada en blanco y negro, Kunert dirige a Smart y Marsden y muestra su gusto por el terror real.

No es que las otras dos historias estén mal. De hecho no lo están, pero no generan el mismo impacto, aunque esto queda en cada espectador. Estas historias son similares por lo menos en forma. Se tratan de historias que dan pie a lo fantástico pero sin plagarlos de jumps scare, de hecho sirven como ejemplo para ver cómo cambio el cine de terror. Sobre todo en la última historia en donde el protagonista llega a una casa alejada de todo signo humano y se encuentra con una mujer muda. Lo que en esta época podría estar cargado de sustos a lo James Wan, acá juega con la tensión, la ambigüedad, e incluso se da el gusto de darle dos vueltas de tuerca a la historia que encima funcionan. La única contra es que al ser una producción de bajo presupuesto algunas ideas quedan a medio camino y no explotan como parecieran querer sus realizadores, pero también  es cierto que en general no empañan al producto final. A su vez en esta antología lo que predomina es el trabajo sobre las atmosferas. Los directores  entienden que lo terrorífico solo se puede dar de noche, y la noche tiene un peso muy importante en la trama, de hecho el día no le trae tranquilidad a los personajes sino la consecuencia de lo ocurrido anteriormente.

Campire tales iba a ser estrenada en cines en una época en que el cine de terror para adolescentes estaba de moda, de ahí que la película abra con lo más cercano a un slasher, pero los misterios de la distribución la convirtieron en una más directo a v.h.s. Para empeorar las cosas apareció una serie antológica llamada Freaky stories del mismo año con que comparten dos historias (El gancho, y La gente también puede lamer) lo cual el destino de esta película fue la de la oscuridad y el olvido, aunque a finales de los noventa podía verse seguido en varios canales de cable.

Aunque hoy en día Campire tales no sorprenda tanto sigue siendo una apuesta segura para los fans de las antologías, del terror de la década del noventa y para todos que quieran ver una película de terror. No hará saltar al espectador pero por lo menos tiene el suficiente clima aterrador para lograr pasar una mala noche.

por Santiago Gonzalez

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