De héroes y miedos: Brightburn

Quizás alguno de ustedes haya tenido la posibilidad de ver una película llamada Freaks, de Zach Lipovsky  y Adam Stein. No, no es el clásico de Tod Browning, sino un drama de gente con super poderes en el mundo contemporáneo, donde uno de los principales inconvenientes es, lisa y llanamente, la maldad. No llegó a salas comerciales, y si la llegan a ver en algún “medio alternativo” la recomendación es absoluta. Brightburn, con un perfil mucho más comercial y “apadrinada” por los Gunn, se encuentra anclada dentro del mismo código, pero sin lugar a dudas tendrá una llegada más masiva.

Una pareja que no puede tener hijos es “bendecida” con…un meteorito que cae en su patio con un bebé adentro. ¿Les suena Superman? Bueno, cuando el niño cumple 12 años empieza a desarrollar una serie de poderes similares…pero, a lo Ralph, también cuenta con una especie de “duende que le dice que queme cosas”. Aunque no es un duende. Y tampoco le dice que queme cosas. A la vez que descubre que puede volar y todo eso, lo que crece en él un poder destructivo que no puede (y parece que no quiere) controlar.

Lo interesante de la película es la mezcla entre géneros que realiza. Los vínculos entre los personajes se enmarcan en una dinámica casi de drama familiar, donde la entrada en la pubertad del hijo se convierte en una bomba próxima a estallar. El desarrollo del personaje de Brad es un recorrido clásico de inicios de héroe: descubrirse a sí mismo, sus habilidades y preguntarse por su misión. Y es en este mismo punto, en su cuestionamiento, donde Brightburn se apropia de los códigos del género de terror, equiparando al niño a un monstruo sediento de destrucción. Quizás le cuesta alejarse de algunos clichés odiosos (como el jumpscare) pero el resultado global se ve, por lo menos, novedoso.

Lo que te mantiene en vilo, sin embargo, es cómo se resolverá el misterio general, es decir, hasta dónde es capaz de llegar nuestro niñato. Y claro, como la política es no spoilers, no lo vamos a mencionar, pero si opinaremos que nos pareció un cierre adecuado.

Interesante entonces desde el punto de vista de los cruces de los géneros, quizás sus falencias pasan por arrastrar, también, los puntos más cuestionables de cada uno. Sin embargo, para el nivel de las películas pochocleras que se estrenan todas las semanas, se convierte en una buena propuesta. Y de aquí a futuro pueden pasar dos cosas: que pase desapercibida y no volvamos a oír hablar de ella o que se convierta en una especie de Blair Witch Project y dé origen a toda una camada de superhéroes sádicos.

Por Ayi Turzi

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