Desearás al hombre de tu hermana: clásico del futuro

Tras un breve paso por las salas comerciales, Desearás al hombre de tu hermana, la última película de Diego Kaplan, ya llegó a Netflix. Sin lugar a dudas es una película que hoy puede generar controversia (de hecho divide fuertemente las aguas entre quienes la han visto) pero reúne determinados elementos que la candidatean como un clásico de culto del día de mañana. Te los enumero a continuación.

-Toca temas tabú con naturalidad y humor. El descubrimiento de la sexualidad en la infancia y la adolescencia es uno de los temas que hilvanan las acciones, estructurando la relación de las dos hermanas en base a estas experiencias de su pasado y sus deseos en el presente. La libertad con la que la madre (Andrea Frigerio) habla a sus hijas de sexo encarna una clara postura a favor de abrir el diálogo y eliminar para siempre el “de eso no se habla”. No se calla nada y carece de insinuaciones: es directa, explícita y transparente.

– No oculta los cuerpos. Los desnudos femeninos están mucho más naturalizados que los masculinos, pero Desearás… está llena de pitos. No los muestra para incomodar al espectador ni para desafiar los límites del “buen gusto” y la “estética moral y visual”. Los muestra porque están ahí y desviar la cámara equivale a taparse los ojos con horror pensando “si no los veo, no existen”. Y es obvio que existen: todos estamos desnudos debajo de la ropa.

– Las actuaciones están alineadas en un registro muy particular. Al ojo poco avezado puede parecerle lisa y llanamente que “todos actúan mal”. Pero no. Me arriesgo a afirmar que las películas por lo general no tienen errores tan groseros y que se trata simplemente de una propuesta. Exageraciones, exceso de energía y gestos grandilocuentes son las principales características de una propuesta atrevida que no busca naturalismo. Un debut de Carolina Ardohain que no decepciona, acompañada por Monica Antonópulos, Juan Sorini y Guilherme Winter, todos alineados en el mismo tono de dramatismo casi bizarro.

– Visualmente es impecable. Al estar ambientada en los años 70 en una casa de la alta sociedad, es ambiciosa y no se queda corta. Nada se ve “trucho” o “de cartón”, los lugares, elementos y vestuarios son absolutamente reales. Lo mismo la propuesta de fotografía, armónica y cuidada en cada detalle. Da gusto realmente quedarse viéndola. Y la ubicación temporal también refuerza la osadía de la temática: si determinados temas siguen siendo tabú hoy, imagínate lo que eran hace cuarenta años.

– Maneja un humor delirante e inesperado. Incluye algunos gags o líneas de diálogo subidas de tono pero alejados de algo grasa o chabacano que demuestran una gran inteligencia y, otra vez, una osadía que desafía los limites habituales del cine nacional que llega a sala. Hay un momento en particular que por lo atrevido y políticamente incorrecto me hizo reir muchísimo, pero soy consciente que más de un espectador ha dicho “qué asco” tapándose los ojos al verlo.

Atrevida, subida de tono, descarada y original divide tanto a la crítica como a los espectadores. Pero ya está online. ¿Por qué no la ves y sacas tus propias conclusiones?

por Ayi Turzi

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