Dino Di Horrendous

Es cierto que existe más material escrito sobre directores de cine que sobre sus productores. Sin embargo, son quiénes en realidad mueven los engranajes de aquella “fábrica de sueños” que es el cine. Son los encargados de recibir los proyectos de los directores y exprimir de estos todas sus potencialidades, de “cazar” a los talentos técnicos y actorales necesarios, hacer malabares con los números y las exigencias de todo el equipo técnico (desde el director hasta los actores); e impulsar a las películas desde el primer día de rodaje hasta su distribución para el gran público. En otros tiempos, ser productor implicaba tomar riesgos, tener un ojo sagaz para predecir los gustos de la audiencia y la crítica. Sin necesidad de exhaustivos estudios de marketing ni cuantiosos algoritmos de big data, solo bastaba con tener instinto, criterio artístico y cierta audacia y perseverancia para negociar con los grandes estudios.

Y es que resulta que, si había una persona capaz de reunir todas esa cualidades, era un joven vendedor de pastas con una habilidad nata para los negocios. Su padre Aurelio supo aprovecharla poniéndolo varias veces al frente del negocio familiar cuando él no podía estar presente. Su nombre era Agostino De Laurentiis, o “Dino” para los amigos, y este noviembre se cumplirán 10 años de su fallecimiento.

Ante todo, Dino de Laurentiis sabía que el arte de vender exigía el arte del espectáculo, y tenía ambas cosas en la sangre. Siempre anteponía su pasión por el cine por sobre su sensatez empresarial, la cual lo llevó innumerables veces tanto al éxito absoluto como a la ruina financiera y personal. Sin embargo, su perseverancia era tal que, aún en sus peores caídas, renacía como un ave fénix para volver al ruedo. Siempre aparecía con algo distinto, innovador. Es así como su filmografía se ofrece como un mapa bastante fiel de las derivas estéticas y temáticas de la industria cinematográfica de la segunda mitad del siglo XX.

A pesar de haberse formado como director en el reconocido Centro Sperimentale di Cinematografia, su carrera había sido frustrada por el inicio de la Segunda Guerra Mundial y las penurias de la crisis de la posguerra a fines de los 40. Sin embargo, a contramano de la situación crítica y el clima pesimista de la época, en 1946 fundó su propia productora, Dino de Laurentiis Cinematográfica. En sus inicios como productor, apadrinó varios films enmarcados dentro del incipiente movimiento del Neorrealismo Italiano, destacándose Riso Amaro (Arroz Amargo, 1949), dirigida por Giuseppe de Santis. Una obra cargada de una explosiva sexualidad agrícola, con algunas dosis de humor y que ademas sirvió como denuncia de la explotación y el maltrato que sufrían los campesinos arroceros en el norte de Italia. A su vez, la película supuso el lanzamiento al estrellato de Silvana Mangano, quién pocos años más tarde también se convertiría por mucho tiempo en su esposa y compañera sentimental.

Unos años más tarde, un tal Federico Fellini (desconocido por ese entonces) se presenta ante varias productoras con un exhaustivo guion de casi 600 páginas. Tenía cada toma y ángulo de cámara detallado y lleno de notas que reflejaban una investigación exhaustiva. Cuenta la anécdota que uno de los productores, al terminar de leer aquel guion, comenzó a derramar lágrimas ante el esperanzado Fellini. Fue solo para que se desvanecieran cuando el productor anunció que el guion era literatura de primera línea, pero que «como una película, no generará un centavo. No es cine». El guion era ni más ni menos que La Strada (1954). Y tras cerrársele varias puertas, el único que pudo recibirlo con los brazos abiertos fue Dino De Laurenttis, quién compartía la misma mirada apasionada sobre el cine.

La Strada supuso un gran envión en la carrera de Fellini, quién con esta película pasó a ser visto a los ojos del mundo tras ganar el Festival de Venecia y el Óscar a Mejor Película Extranjera. De Laurentiis seguiría produciendo más adelante, junto a Fellini, Las noches de Cabiria (Le notte di Cabiria, 1957), otra de la películas claves del director italiano. Se dice que De Laurentiis le robó a Fellini un negativo de la polémica escena de la procesión. Esto no fue porque ésta le incomodara a la Iglesia (aunque en su momento sí le hubiese significado motivo de censura), sino porque al propio De Laurentiis no le convencía y creía que la película funcionaba mejor sin ella. La escena fue restaurada años después de que Fellini y su compañera actriz, Giullietta Masina, se hicieran con la Palma de Oro, el Óscar y varios premios más.

Dino De Laurentiis junto a Jerry Lewis (izquierda) y Federico Fellini (derecha)

Los años 60’s representan un giro en la carrera de Dino De Laurentiis tras terminar su sociedad con el productor Carlo Ponti, quien lo había acompañado desde sus inicios en la producción. A partir de este momento deja atrás el neorrealismo italiano y el alto prestigio para inmiscuirse llanamente en la producción de películas de un alcance mucho más popular. Una industria cinematográfica italiana que para ese entonces producía dos veces la cantidad de películas que Hollywood. Es así que fundó sus propios estudios, conocidos como La Dinocittá, y se dedicó a producir de lleno filones ligados al Spaghetti Western, como Navajo Joe (1966), Peplums (producciones que tenían como trasfondo en común las Antigua Roma). También películas de épica religiosa, como Barrabás (1961). Incluso adaptaciones de comics, como Barbarella (1968) y Danger: Diabolik (1968) de Mario Bava, o rarezas como Kiss the Girls and Make Them Die (Se tutte le donne del mondo, 1966). Este fue un intento por captar del reciente éxito de James Bond, y que, a su vez, pertenece a un género propio conocido como Eurospy.

Los 70’s y 80’s fueron una época bastante convulsionada en la vida de Dino De Laurentiis. Para empezar, En 1972 la legislación italiana sobre cine introdujo un cambio perjudicial para el productor: las subvenciones públicas solo se reservarían a películas con capital enteramente nacional. De Laurentiis, quién mayormente producía en inglés y en coproducción con otros países destinados al mercado global, decidió por instalarse definitivamente en EE. UU. Ahí fundó la firma De Laurentiis Entertaining Group (DEG). Es durante este periodo que el productor italiano trasciende con grandes éxitos de taquilla: la remake de King Kong (1976), Flash Gordon (1980) y Halloween II (1981). También fue uno de los primeros en haber descubierto e introducido a la fama a un ignoto Arnold Schwarzenegger con su Conan, el Bárbaro (1982). Además, fue responsable de prestigiosos films como: Serpico (1973), Death Wish (1974), Los tres días del cóndor (1975) de Sydney Pollack, El huevo de la serpiente (1977) de Ingmar Bergman y Ragtime (1981) de Milos Forman. Esta combinación exitosa entre films de entretenimiento para la taquilla, con films de prestigio, lo hacen adjudicador del apodo de “Dino Di Horrendous”.

Dino De Laurentiis junto a Al Pachino durante el rodaje de Serpico (1973)

En esos mismos años, Dino De Laurentiis también impulsó la carrera de directores jóvenes, como David Cronenberg con The Dead Zone (1983), adaptación del libro de Stephen King. También a David Lynch, con Blue Velvet (1986) y Dune (1984). Esta última sería una de sus más grandes ambiciones y, a su vez, uno de sus más grandes fracasos. De hecho, hay todo un documental llamado Jodorowsky’s Dune, dedicado a tratar el proceso de producción de la gigantesca película que no pudo ser y su derrotero.

Ya en 1986, un duro revés se interpuso en la vida de De Laurentiis: la fatídica muerte de su hijo Federico en un accidente de avión en Alaska. Las malas noticias no terminarían ahí, ya que dos años después su esposa Silvana Mangano le pediría el divorcio. Ese mismo año su enorme compañía productora queda en bancarrota.

Sin embargo, lejos de darse por vencido y tras un hiato de 4 años, sorprendentemente vuelve a la producción. Estrenó películas como Army of Darkness (1992) (secuela de las de Evil Dead de Sam Raimi) y la saga de Hannibal: Hannibal (2001): Red Dragon (2002) y Hannibal Rising (2007).

Finalmente, Dino De Laurentiis se va de este mundo en el año 2010 a la edad de 91 años, dejándonos un legado impresionante de grandes clásicos del cine y más de 170 películas producidas. Su obra es, hasta la actualidad, un ejemplo a seguir por todos los productores. Y, en un mundo cada vez más dominado por los algoritmos de la big data para vendernos una y otra vez el mismo producto, nos enseña que para trascender la historia del cine no existen fórmulas exitosas Es necesario tomar riesgos, aventurarse en lo desconocido para así poder traer frescura al arte y. por sobre todas las cosas, ser leal a los propios instintos.

Fuentes:

https://elcultural.com/Dino-de-Laurentiis-caniacutebal-del-cine

https://extracine.com/2010/11/adios-dino-de-laurentiis
https://www.letraslibres.com/mexico-espana/cinetv/dino-laurentiis-1919-2010

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