Double Feature de cine mexicano mala leche para ver en el día de San Valentín

Para Wikipedia, el día de San Valentín “Es una festividad de origen cristiano que se celebra anualmente el 14 de febrero para conmemorar el amor y la afectividad“. Y la realidad es que hoy es 14 de febrero y la gran mayoría de la gente está celebrando con sus parejas, pagando estadías infinitas en telos y regalando bombones, chocolates y otras boludeces de conocidas marcas.

Pero hay otras personas, los solitarios, los rebeldes o simplemente aquellos quienes no compran el verso consumista que pretenden meternos en la cabeza las 24 horas del día. Gente como yo, o como vos que estás leyendo esto. Individuos que se sienten agobiados por no tener cómo expresar su odio contra este maldito día. Salir a la calle es imposible, parejas por todos lados, lo mismo para ver la televisión (Todavía hay gente que ve la televisión?) y ni hablar de mirar las redes sociales. Amor, melosidad y edulcorante por doquier.

Pero yo me solidarizo con ustedes, humildes y queridos lectores ávidos de cine underground. Y por eso hoy voy a desempolvar dos grandes y desconocidas obras que destilan violencia, egoísmo, odio, misantropía y, lo más importante, que no tienen ni un solo atisbo de romanticismo para recordarnos esta nefasta fecha.


Masacre en el Río Tula (México, 1984) dirigida por Ismael Rodríguez.

Todos sabemos que no hay nada como el cine serie B mexicano. Este país del norte es un generador tan prolífico de cine basura que hay cientos de películas de las que apenas se tiene registro. Masacre en el Río Tula, por suerte para nosotros, es sin embargo bastante conocida por un pequeño hecho judicial que vamos a tocar más adelante.
Basada en hechos reales, como toda historia que se precie, la película comienza con el plano general de varios cuerpos descuartizados flotando en el río Tula. Un desafinadísimo corrido suena de fondo, a todo volumen. Siendo fiel a la verdad, los efectos especiales en esta parte (y solo en esta parte) son muy muy buenos y acompañados por la pésima calidad de imagen en la que se consigue la película, casi nos da la impresión de estar viendo una de las tantas ejecuciones reales que los narcotraficantes mexicanos suben a diario a la web.
Esta sensación de realismo se rompe rápidamente cuando un mendigo descubre los cuerpos y sale corriendo. El papel de ese actor es tan corto y su actuación es tan mala y exagerada que automáticamente nos sumerge, sin medias tintas, en una sensación de irrealidad casi onírica que por suerte la película ya no va abandonar.

La investigación de la fiscalía rápidamente nos revela que los cuerpos encontrados son doce y mediante varios primeros planos de los rostros desfigurados (Y decir desfigurados es muy generoso de mi parte, al parecer solo había efectistas para la escena inicial) un flashback da comienzo a la historia.

Y esa es la gran sorpresa de Masacre en el Río Tula, tiene una historia tan interesante que logra que le perdonemos sus cientos de errores y la oligofrénica condición de todos los técnicos involucrados. Esta película es disfrutable tanto por los fanáticos del cine bizarro como por un espectador más casual pero con interés por la crónica policial y las historias reales de corrupción.

Porque Masacre en el Río Tula es una gran historia de corrupción. La historia del inspector de policía Pancho y de sus tres secuaces, dedicados a cuanto negocio ilegal se les pase por enfrente. En uno de sus procedimientos de rutina, secuestran a una pareja de extranjeros y los detienen bajo la sospecha de ser mulas de droga. Durante el interrogatorio golpean al hombre hasta dejarlo al borde la muerte y violan a la mujer sin descanso hasta que esta, exhausta, les confiesa que llevan droga en el estomago. Pancho y sus hombres, contentos de la redada exitosa, llevan a la pareja a la boca del río Tula, los fusilan y los abren en canal para hacerse con las drogas.

Y este es solo el comienzo de esta gran obra sobre la degradación humana, que entretendrá a grandes y chicos por igual. Todos los personajes de esta cinta son seres tan despreciables que te van a hacer olvidarte totalmente, al menos durante una hora y veinte, de todo concepto de amor, alegría y fraternidad.

Como dato de interés, esta película responsabiliza, sin nombrarlo directamente, de innumerables crímenes a Arturo Durazo Moreno, “El Negro Durazo“, quién ofició como jefe máximo de la policía de la Ciudad de México en la década de 1980. Durazo, con su orgullo dolido por tantas verdades expuestas, decidió prohibir la película de un plumazo. Así que esta gran producción nunca se pudo estrenar en cines en la Ciudad y tuvo que encontrarse un futuro en el mercado del video casero y las reposiciones en televisión.

Masacre en el Río Tula puede verse censurada en Youtube. También puede conseguirse mediante medios non sanctos en algún oscuro lugar de la web, acá si libre de toda censura.

 


Ratas de la Ciudad (1985) de Valentín Trujillo.

En este caso estamos hablando con palabras mayores. Masacre en el Río Tula parece un canto al amor y la alegría en comparación esta obra, también filmada en México.

Desafío abiertamente al lector a que me nombre alguna película más anti San Valentín (y anti todo) que esta. Firmo y certifico que Ratas de la Ciudad es la obra más pesimista que van a ver en mucho tiempo.

El film cuenta la historia de Pedro y su pequeño hijo, Pedrito. Abandonados por la madre de Pedrito, ambos se mudan a la Ciudad de México en busca de un futuro mejor, con oportunidades laborales para el padre y una educación próspera para el hijo. Todo parece ir bien, Pedro consigue un trabajo como profesor de educación física en un respetado colegio céntrico y pasa sus tardes conociendo con su hijo la nueva ciudad. Lo lleva a pasear en bicicleta, a jugar al fútbol, a comer helados y a un parque de diversiones.

Pedrito es el niño más feliz del mundo junto a su padre. Hasta que en uno de esos días de paseo y alegría, un auto se sube a la vereda y se lo lleva por delante, dejándolo en muy mal estado. El conductor, completamente borracho, es incapaz de articular una sola palabra coherente.
Pedro queda destrozado, pero debe mostrarse fuerte, por lo que acompaña a su hijo al hospital y lo ayuda en todo lo que necesite. Pedrito evoluciona bien. Pero cuando su padre va a la comisaría a hacer la denuncia contra el conductor asesino, el infierno se desata. No sólo le revelan que el tipo es policía, por lo que no va a sufrir ningún castigo, sino que el mismísimo conductor aparece en la comisaría para increpar a Pedro, que pierde totalmente la cabeza y lo golpea.

Obviamente, Pedro es torturado salvajemente y encarcelado. Pedrito, sin tener noticias de su padre, escapa del hospital y se va a vivir a la calle junto a un grupo de niños ladrones y asesinos que se hacen llamar Las Ratas por vivir en las alcantarillas. Y no pasaron ni veinte minutos de película.

El resto del metraje es un descenso a los infiernos en toda regla, con cada escena siendo más devastadora y desalmada que la anterior. La epopeya de Pedro buscando a su hijo en la jungla de cemento es realmente muy dura de ver. Y es que, a diferencia de Masacre en el Río Tula, Ratas de la Ciudad si es una buena película, recomendable para todo quién se anime a pasar un mal rato viéndola. El guión es espectacular, es imposible no empatizar con los personajes y la dirección de Valentín Trujillo, que también encarna el personaje de Pedro, es muy solida. Su cámara metiéndose en los lugares más aterradores de la Ciudad de México sumada a la estética trash de la película en general agobia al espectador todo el tiempo.

Ratas de la Ciudad puede verse en Youtube con una calidad bastante chota. Y también puede conseguirse ilegalmente en bastante mejor calidad.

Después de que vean este Doble Programa no sólo se van a haber olvidado completamente del día de San Valentín, del amor y la felicidad, sino que hasta es probable que necesiten de alguna comedia romántica ad hoc para levantar los ánimos. No digan que no les avise.

Desde el exilio,
Ernesto López

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