El templo del rock: Sudak lo hizo de nuevo

Osvaldo Sudak, un amigo de la casa, que ha traído la casi lisérgica Alto Bardo al BARS 17, vuelve al ruedo con El templo del rock. En la misma linea que su anterior documental, que retrataba una fiesta celebrada con motivo del exilio de dos amigos que se terminó descontrolando al nivel del techo de la casita del video viral, acá tambien hay rock, quilombo, excesos y buena onda. Pero el foco ya no es el Sudak Club, sino que ahora el recinto que nos ocupa es el Pura Vida, algo así como el Cemento de la ciudad de La Plata.

Con el foco puesto en el mítico Caio Armut y construyéndose como un doble homenaje (a su memoria y a la movida de Pura Vida), la propuesta nos lleva a recorrer los primeros diez años del bar. Y con decirle bar nos quedamos cortos. Somos participes de su historia, de sus mutaciones, de las sensaciones que le quedaron a algunas de las bandas o artistas que han tocado allí. Y a la vez, nos cuentan de su vínculo con Caio, una especie de gurú espiritual del rock local. Rock no sólo entendido como género musical, sino más que nada como estilo de vida.

Con testimonios de  Alberto Bassi, las HorrorWhite,  Estanislao Pedernera y Ariel Suárez entre muchos otros más, El templo del rock logra un ritmo que hace que sus dos horas de duración se te pasen volando.Todos los que hablan del lugar se expresan en el mismo sentido: la heterogeneidad de las bandas que tocaban y el clima de camaradería que imperaba. Las frecuentes clausuras daban cuenta de un sólo enemigo en común: el orden gubernamental, muchas veces absurdo, que no entiende de expresiones culturales que engloben cierto desparpajo. (Y si se preguntaban, más allá de la inclusión de Alto bardo en ediciones pasadas del festival, cuál era la relación entre el Rojo Sangre y El templo del rock, ésta debería haber quedado clara en esta última oración: cultura alternativa).

Por más que no conozcas Pura Vida y ni siquiera hayas pisado La Plata, el documental logra que seas tan participe del lugar como todos aquellos que pasaron noche tras noche allí. Si, es cierto que ver rostros familiares hablando de un entorno familiar genera una sensación muy fuerte, pero Sudak logra que aunque los personajes, las bandas y hasta quizás la movida te sean desconocidos, sus testimonios te movilicen un monton de cosas. Porque a través de los recuerdos y las reconstrucciones nos termina devolviendo a todos a un lugar que tenemos en común: la necesidad de compartir con nuestros pares.

El templo del rock se proyectará este sábado 4 de agosto en el Salón Pueyrredón (cerca de Plaza Italia). Imperdible.

por Ayi Turzi

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