El terror dentro de lo cotidiano

La palabra terror se vincula, en general, con el cine de Hollywood. Aparece como sinónimo de aquellas películas que están compuestas por un gran contenido de sangre, gritos, momentos de suspenso y criaturas sobrenaturales. No obstante, a la hora de buscar otro equivalente, no hay que dejar de lado a las creaciones de Stephen King. Este hombre, conocido como el maestro del género terrorífico, inspiró y marcó el rumbo de la mayoría de los escritores contemporáneos del horror. De la misma manera que con Los peligros de fumar en la cama (2009), Mariana Enríquez, junto a Las cosas que perdimos en el fuego, no es la excepción. Sin embargo, la licenciada en Comunicación social de la UNLP es innovadora en un punto: presenta cuentos locales con lo escalofriante de protagonista. Este condimento se expande y se anima a buscar lo creepy y el miedo del día a día. Se encarga de enseñar los aspectos macabros de la vida en un contexto fuera del típico Estados Unidos.
De 1957 a 1959, en Hora Cero Semana, se comenzó a publicar El Eternauta, ilustrado por Francisco Solano López y escrito por Héctor Germán Oesterheld. Esta historieta argentina, además de hacerse famosa por su trasfondo político y social, también fue importante porque impulsó una revolución literaria: se animó a innovar con la ciencia ficción en un mundo acostumbrado a historias de distopías dentro de Estados Unidos. A partir de entonces, los argentinos tuvieron la posibilidad de disfrutar de un relato sintiéndolo más propio, más cerca. Las cosas que perdimos en el fuego se lleva un poco de la esencia que proponen las aventuras de Juan Salvo. No es del mismo género y sus formatos no son para nada similares. Sin embargo, se unen en un punto en común: el mecanismo de identificación que provoca en sus lectores.
Las cosas que perdimos en el fuego (2016) es un libro de cuentos de terror que transcurren en Argentina. Se sabe que su primera edición fue publicada en España y que luego se lanzó al mercado en el país de la autora bajo el sello de la Editorial
Anagrama. Incluso la obra ya pasó por varias regiones de América y se espera su llegada en 20 naciones más. Con la presencia de un dialecto y espacios muy específico, invita a los lectores no argentinos a conocer el horror a partir de otro contexto. Por otro lado, pasa lo contrario con los que ya son habitantes del país o han sido visitantes: es probable que se sientan parte de la historia y puedan imaginarse mejor los sitios a los que se hace referencia.
Desde el barrio de Constitución en “El chico sucio”, hasta el famoso relato del petiso orejudo en “Plablito clavó un clativo”, es sencillo para un argentino crear imágenes mentales y retomar las típicas historias locales que alguna vez le contaron. No existe la necesidad de recordar una escena de una película para trasportarse, la sensación ya está presente gracias a las vivencias propias. Sucede lo mismo con la mención indirecta de la dictadura militar en “La hostería”. “Yo no sé si la literatura es tan política en sí, no sé si a un extranjero, cuando se lo das a leer, hace esa lectura política. Pero creo que nosotros, por cómo tenemos programada la cabeza, leemos casi todo políticamente”, declara la autora en una entrevista hecha por Patricio Zunini.
Además de incorporar referencias argentas, Enríquez se empeña en demostrar que, dentro de las situaciones de todos los días, hay aspectos macabros que conviven en las rutinas cotidianas. “El chico sucio” sirve como ejemplo: vuelve al hecho de ver las
noticias como algo perturbador y chocante. Por otro lado, es inevitable destacar que Las cosas que perdimos en el fuego se publicó en medio de la consolidación de la lucha feminista. Si bien fue una coincidencia, el movimiento Ni una menos no pasa
desapercibido en el último cuento.

La obra de Mariana Enríquez es una lectura para los que gusten del terror. Desde sus narradoras hasta los espacios que recorre, invita al lector a vivir lo macabro desde otra perspectiva. Probablemente, las historias llamen más la atención a los que estén familiarizados con la Argentina. No obstante, la gran variedad de tópicos que maneja permitirá a cualquier amante del género realizar una búsqueda terrorífica dentro de su entorno.

Por: Aldana Del Giudice

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