GÉNERO MUSICAL: OLDIES

BILL AND TED FACE THE MUSIC (Dean Parisot, 2020)

En una época en que el cine y la televisión apela cada vez más seguido al nostálgico recurso de revivir éxitos del pasado, además de un sinfín de producciones que emulan la estética y el tono de otras décadas, la música también debía recurrir a traer de regreso a su dúo más emblemático. La banda Wyld Stallyns, conformada por los viajeros temporales Bill y Ted (Alex Winter y Keanu Reeves) ha sido olvidada y sus integrantes, 25 años después de su mayor recital, conseran su amistad más no el talento que alguna vez supieron demostrar. El director Dean Parisot (responsable de esa gran comedia que es Galaxy Quest) se hace cargo de esta tardía tercera entrega de Bill and Ted que, al igual que sus protagonistas, le cuesta mucho rockear como antes.

Esta nueva aventura repite el esquema de las anteriores poniendo como punto de conflicto la necesidad de los protagonistas para dar con la canción perfecta que pueda unir al mundo… además de salvar el continuo espacio-tiempo. No obstante, a pesar de que su estructura narrativa responde al absurdo y al código humorístico de sus antecesoras, el tono de comicidad adolescente no logra funcionar del todo en la piel de sus personajes, ahora entrados en sus cincuentas. Lo que antes funcionaba de manera muy divertida en base a la estupidez de dos adolescentes, ahora resulta un tanto patético aplicado a dos adultos.

Como si se tratara de lo mismo que ocurre en la ficción, el director del film trae al presente una búsqueda humorística que no pareciera funcionar del todo ya que, al recurrir al mismo humor y entramado sin grandes variaciones, se siente como un más de lo mismo pero mucho menos eficiente. Y es que después de todo, los años no vienen solos. Es por eso que el film intenta, más no logra mucho, conectar entre el público que conoce a Bill y Ted y la generación actual de espectadores a través de sus respectivas hijas, Billie y Thea (Bridgette Lundy-Paine y Samara Weaving). De esta manera, el film plantea dos líneas narrativas (y temporales) en las que el dúo protagónico se embarca al futuro encontrándose con distintas versiones de ellos mismos, a la vez que sus hijas viajan al pasado topándose con distintas figuras históricas de la música para formar la banda perfecta.

Desafortunadamente, más allá de ciertos momentos efectivos como lo son una interpretación entre Mozart y Jimi Hendrix o el regreso del mejor bajista de la historia, mejor conocido como la Muerte (William Sadler), el film cuenta con la presencia del absurdo pero que no termina de surtir efecto. La fórmula nostálgica a la que apela es un recordatorio de que no todo lo que funcionó en el pasado lo hará de igual manera en el presente. Así como Bill y Ted se encuentran reiteradas veces con versiones suyas del futuro que distan mucho de lo que alguna vez fueron, de manera irónica termina ocurriendo lo mismo con esta tercera entrega en relación a las anteriores.

Pensándolo en términos musicales, el film supone ser uno de esos regresos de bandas que tocan sus grandes éxitos pero que lejos está de poseer el brillo que alguna vez supieron tener. Y si bien en su climax final se recupera parte de ese entrañable humor ligado a la pasión rockera y permite dejar al público con una agradable sensación, lo cierto es que esta tercera parte no posee lo excelente que tantas veces profesaron con ahínco los músicos oriundos de San Dimas. A veces, es mejor despedirse del escenario estando en el punto más alto de la carrera. Tal vez sea preferible viajar al pasado con los primeros films para disfrutar de estos personajes en su mejor momento, en vez de hacerlos viajar al futuro siendo un bosquejo de lo que alguna vez supieron dar, o mejor dicho tocar.

Puntaje: 6

Por Nicolás Ponisio

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