Ghoulies: En tu cara Critters

Hay una idea generalizada de que Critters (1986) es la imitadora oficial de Gremlins (1984). La idea surge primero por la cantidad de películas que salieron de estos personajes y segundo por su comercialización, en todo videclub de barrio podían verse afiches y por supuesto vhs de estos redondos villanos. En cierto sentido eso hizo que se volvieran más populares que los Gremlins. Pero hubo otros bichitos diabólicos dando vueltas por ahí que fueron en realidad los verdaderos copiones del clásico de Joe Dante; Los Ghoulies.

Originalmente llamada Beasties la historia sigue a Jonathan Graves, un joven que hereda la mansión donde vivía su padre quien se dedicada a las artes oscuras. Durante la celebración de una fiesta en dicho lugar Jonathan, mediante una serie de rituales satánicos, será el responsable de invocar unas criaturas que buscan abrir las puertas del infierno.

El director iba a ser Charles Band quien, para los fans del cine clase B, es conocido por su famosa productora Full Moon responsable de clásicos de culto, muchos de dudosa calidad, mientras que los efectos especiales iban a estar a cargo de Stan Winston (ese que hizo los efectos de una peliculita llamada Terminator y su secuela) pero finalmente esto no pasó. En cambio Band la produjo y el estudio contrato al ignoto Luca Bercovici quien también escribió el guion. De los efectos especiales se encargó John Carl Buechler (director de Friday the 13: The new blood y Troll) y el resto del cast fue llenado por actores profesionales y convincentes pero que no destacan.

El guion original de Ghoulies era muy distinto a lo que se terminó viendo en pantalla. La historia giraba en torno a un niño cuyo padre le contaba historias de terror sobre unos monstruos que en realidad vivían debajo de la casa y que querían matarlo, pero debido al éxito de Gremlins el guion se modificó drásticamente para apelar al público adolescente.

La decisión no estuvo mal ya que si a algo le juega a favor a esta película es que mantiene a sus villanos en la oscuridad y los hace visibles recién cuando el momento lo indica y estos monstruitos si bien no le llegan a los talones de los Gremlins son más interesantes visualmente que los critters. Tal vez sea por hay que mas variedad y no son todos iguales o porque realmente son asquerosos, lejos de cualquier simpatía. No hay forma de que caigan bien estas criaturas del averno, y si se volvieron icónicos es más que nada por las secuelas.

Y eso es lo mejor de Ghoulies, el presupuesto brilla por su ausencia, algunas decisiones inteligentes, sobre todo con respecto al clima aterrador, son destrozadas por otras horribles. Lo mismo pasa con algunos efectos ya que se nota que el esfuerzo fue para el diseño de estos bichos. Pero a la vez esa berretez es lo que la convierte en un típico producto clase B ya bordeando lo Z. Pareciera ser un homenaje involuntario el cine de Ed Wood y similares, aunque en este caso por lo menos no se notan los micrófonos. Para que se den una idea en el sitio Rotten tomatoes tiene cero de calificación.

Pero un detalle volvió infame a Ghoulies. Se trataba de una publicidad que mostraba a uno de estos monstruos saliendo de un inodoro que genero muchas cartas de protestas de padres quejándose de que sus hijos no quería ir al baño por miedo a que los atacaran. Idea que se la había ocurrido al mismo Band durante una reunión para ver cómo vender el proyecto. La idea tuvo el resultado esperado.

Con un presupuesto de tres millones de dólares y pésimas críticas Ghoulies tuvo tres secuelas. La primera salió en 1988 y fue dirigida por el hermano de Charles Band, Ghoulies Go to College, dirigida por Buechler salió en 1991 y es la más divertida, mientras que Ghoulies 4 salió en 1994 y fue dirigida por Jim Wynorski, icono del cine de clase B, tanto como director y como productor.

Si uno en su infancia iba al videoclub seguramente haya visto la tapa de alguna de los Ghoulies, eran un clásico escondido del vhs. Un clásico que incluso Critters homenajea en una escena de la primer película, reconociendo que en realidad es el plagio de plagio.

por Santiago Gonzalez

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