Glow y The Handmaid´s Tale: en una misma dirección

A simple vista es sencillo y evidente encontrar cierto paralelismo entre dos de las series del momento. Las historias de las luchadoras de Netflix y las criadas de Hulu colocan en un plano central el rol de la mujer, llevándolas no solo a un lugar protagónico en cuanto a trama, sino que también ponen el foco en problemáticas propias del género: maternidad, independencia, autonomía, aborto. Ayi Turzi las vio a las dos y cree que la mayor similitud que tienen pasa por los cuerpos y las identidades. En esta nota intenta explicarlo.

 

Qué mundos tan diferentes son los que propone cada serie a priori, ¿no?. The handmaid´s Tale postula que, en un futuro distópico, las pocas mujeres fértiles que quedan en Gilead son entregadas a matrimonios que no pueden tener hijos, con la única finalidad de ser embarazadas por el hombre. Al nacer el bebé deben entregarlo, siendo reubicadas en otra casa para seguir concibiendo y pariendo. Son las llamadas “criadas”, que por supuesto, no tienen ni voz ni voto en ningún sentido. Son adoctrinadas, controladas de modo estricto, sometidas a las más crueles atrocidades y castigos desmedidos. Las esposas de los comandantes, los hombre centrales en esta sociedad, tampoco la pasan mejor. Tienen sus rutinas, sus rituales, deben acoplarse a un sistema social basado en reglas de protocolo que impiden su voluntad. Y cuando digo voluntad me refiero a cosas tan sencillas como leer un libro. June (Elizabeth Moss) es una criada entre tantas otras. Cuando es asignada a la casa del matrimonio Waterford se convierte en Offred (Defred), en referencia a Fred, el patriarca: ahora es de su propiedad.

El panorama propuesto por GLOW, ubicada en la década del ´80 y basada en la historia detrás de un show televisivo real es diferente. Ruth (Alison Brie) es una actriz que viene fallando en todas las audiciones a las que se presenta, hasta que cae en un casting organizado por Sam (Marc Maron). La propuesta que recibe junto a un grupo de desconocidas no tiene antecedentes: será un show de lucha libre protagonizado por mujeres, para lo cual ella y sus compañeras tendrán que aprender algo que nunca imaginaron. Sí, lucha libre. La historia se centra en cómo estas mujeres no pueden perder tiempo en lamentarse o en esperar ayuda, tienen que poner el cuerpo de manera literal para que Glow, el show televisivo, salga adelante. Del éxito del programa depende la estabilidad económica de todas. Porque son diferentes entre sí, tienen su propio mundo, sus propios problemas, pueden ser amigas o enemigas pero entienden que la unión hace la fuerza. Y que esa unión es fundamental para triunfar en un mundo (y un rubro) regido por hombres. Una de las claves de la estrategia será la interpretación de un personaje con sus propios gestos, historia y vestuario. En el caso de Ruth, será la villana Zoya the Destroya.

Los nombres

En ambas series pasa algo similar (pero diferente, claro) con los nombres de los personajes. The Handmaid´s Tale propone un borramiento total de las identidades pasadas. El nuevo orden político, basado en el viejo testamento, requiere disminuir a las mujeres a objetos, anular sus voluntades y sus pensamientos para que sean funcionales al sistema sin generar disturbios. June tenía su familia, su profesión y su libertad. Offred es un recipiente, un útero, una matriz que ni siquiera puede elegir concebir o no: es DE-FRED. Propiedad. Objeto sin derechos, sin intimidad, sin autonomía sobre su propio cuerpo. Ser “de alguien” es peor que ser nomenclada con un número. No hay identidad ni tampoco humanidad, solo pertenencia. Y con todas las criadas pasa lo mismo.

Las luchadoras de Glow, en cambio, eligen nuevas identidades para subirse al ring. Para que el show funcione, tienen que ser personajes atrapantes, particulares y diferentes entre sí. Saben que, en el marco de un trabajo de representación, están fingiendo que son otra cosa. Dando pleno consentimiento y sabiendo que se encuentran dentro de un marco lúdico, nunca dejan de ser ellas mismas. No son borradas, ni reemplazadas, ni suprimidas. Cuando se bajan del ring se sacan el maquillaje y vuelven a sus vidas. El cambio de identidad es un juego, una herramienta para que el show cobre fuerza. Y estas identidades provisorias vienen, cual superhéroes, acompañadas de cambios de vestuario y maquillaje.

Los cuerpos

Las participantes de Glow tienen un desafío: necesitan vestuario apropiado para las destrezas físicas que realizan, que a la vez resalte la feminidad sin exponerlas sobremanera y adecuándose al estilo de cada una. Brillo, lycra, mangas irregulares, colores diferentes. Cada vestuario tiene su estilo, su sentido y refleja la identidad del personaje asumido, pero lo que nos atañe es que se exalta la diferencia entre cada una de las mujeres. Todo lo contrario pasa en la opresión de Gilead. Las mujeres están divididas en grupos de acuerdo a su status social y el rol asignado. De acuerdo a esta división es cómo deben vestir. Siempre con túnicas que tapan todo el cuerpo y las cabezas cubiertas, cada grupo es identificado con un color: por ejemplo, las criadas van de bordeaux, con cofias blancas, las esposas de azul, las marthas (una especie de amas de llaves) de verde, las jóvenes solteras de blanco. Tonos apagados, uniformes, aburridos. Se refuerza la anulación de las identidades: si todas son iguales, son intercambiables: ninguna vale nada. En oposición, otra vez, a las chicas de Glow: cada una aporta algo diferente y todas son fundamentales, por su individualidad, para el funcionamiento del show.

Haciéndolo explícito o mostrando un ocultamiento, las dos series hablan de lo mismo. Cuando las diferencias son acalladas el orden impuesto triunfa. Despojar a las mujeres de sus identidades y ocultar sus cuerpos, uniformizándolos de acuerdo a sus funciones sociales facilita que acaten un orden social que no apoyan. Cuando se pierde el derecho individual, se pierden todos los derechos. Y a la inversa, cuando se aceptan las diferencias en pos de un bien en común la lucha es posible. Podría decirse que ambas series postulan que hay que reconocerse como persona, con nuestros defectos, virtudes y derechos para, luego de eso aportar nuestra individualidad a un bien común. Nada impuesto puede salir bien. Por eso aplaudimos a las luchadoras de Glow, por apostar a lo diferente, por embarcarse en una locura. Pero también nos vuelven locos las mujeres de Gilead que, de a poco, se acuerdan quienes son, de dónde vienen, qué hacían, y a partir de eso se dan cuenta que pueden empezar a perturbar el orden, a generar una grieta que, suponemos, desembocará en su libertad. Pero todavía falta para la temporada 3… de ambas.

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