Los hermanos Karaoke: ¿están listos?

Presentada durante la edición 2017 del BAFICI, llega ahora al Centro Cultural Recoleta Los hermanos Karaoke, una desopilante metáfora al mundo del marketing desde el lugar menos esperado.

Conocidos acá mayormente como canto bar, hay en realidad toda una cultura alrededor del karaoke. Proveniente de las palabras “orquesta vacía”, el karaoke es más que poner una pista de audio de una canción conocida y cantar sobre ella. Quienes verdaderamente lo disfrutan pueden descubrir un mundo nuevo que gira alrededor de esta práctica y sus encuentros.
Películas como A dúo de Bruce Paltrow abren las puertas a ese universo, pero en una idiosincrasia estadounidense que está lejos de ser la nuestra.
Los hermanos Karaoke desde su premisa prometía eso, curiosear sobre la cultura de los cantantes aficionados en nuestro país.
Sin embargo, para nuestra grata sorpresa, no pasarán muchos minutos hasta darnos cuentas que esta propuesta del colectivo Cine Humus ofrece más, mucho más que eso.

Enmarcado dentro de una esfera de ficción naïf cuasi irreal, Los hermanos Karaoke cuenta la historia de Mía (Maru Zapata) y Simón (Agustín Gregori), un dúo que se hace llamar Los hermanos Karaoke, pero ¿son hermanos? ¿Son pareja? ¿Importa?
Ambos recorren el interior del país buscando shows de canto, canto bar, o cena shows que propongan karaoke. Allí se anotan para cantar algunas canciones, y aprovechan para promocionarse y vender algún CD. El propósito es en un futuro cercano vivir de la música, el presente, pichulearla.
Mía y Simón están convencidos de tener una estrategia ideal: pueden realizar su espectáculo sin tener que invertir en la logística del show, simplemente “se cuelan” en algo establecido.
Todo marcha “bien” hasta que llegan a Junín de  Los Andes, Neuquén. Allí tienen la idea de hacer una de sus presentaciones en una cena show de karaoke. Todo está arreglado, salvo un detalle, necesitan un hotel.
En medio de una desopilante resolución terminarán comprando una carpa e instalándose en el bosque. Es ahí, cuando el auto se descomponga en medio de la noche, que hará su aparición el tercero, Alan (Bernardo Francese), una suerte de chamán que actúa como especie de ángel guardián, y un extrañísimo coach de marketing. Sí, leyeron bien, coach de marketing, empresarial.
Alan se instala con ellos, aparece y desaparece, y siempre parece estar ayudándolos ¿desinteresadamente? Paulatinamente comienza a arrojar frases, que son las típicas frases hechas del mercadeo, de las charlas motivacionales para grupos de tareas de mercado, supuestamente orientado hacia el espectáculo musical.
Lateralmente, Alan funciona también como la serpiente del Paraíso, como una reversión del mito del Fausto. Los irá tentando a ambos, por separado, e irá sembrando una discordia, siempre dentro del marco del karaoke y el mercadeo, pero…

Los hermanos Karaoke es en apariencia una propuesta simple, con tres personajes y casi una sola locación abierta. Sin embargo, detrás de eso se esconde una fuerza narrativa muy interesante, que permite más de una lectura diferente.
Sí, por allí se puede decir que la veta musical no es tan explotada como en otras propuestas. Hay cuestiones de derechos de autor, y afines, que exceden a la película. Además, está claro que la intención del trío de realizadores Bernardo Francese, Agustín Gregori, e Ignacio Laxalde (quienes forman el grupo Cine Humus) era recorrer otros caminos.
Precisamente eso es lo que le otorga cierta fortaleza, la sorpresa de entregar algo diferente a lo esperado, un diferente muy satisfactorio.
Dueña de un humor muy particular, Los hermanos Karaoke es una película que mezcla inocencia, un tono naïf, colorido, simpleza, y personajes que por momentos parecen aniñados, como cáscara de una historia que por detrás esconde una mordaz crítica a las formas pre-formateadas, a los mensajes que nos vende la industria del capitalismo, y cómo se maneja para tentarnos. Todas críticas hechas sin ningún didactismo ni bajada de línea, todo en base a un humor muy fino e irónico.
Los hermanos Karaoke es permanentemente divertida, hilarante y hasta desopilante. Por momentos nos hará recordar a otro experimento BAFICI que fue UPA!, también pergeñado por un colectivo de trabajo direccional joven y brioso.

Más allá de la fotografía, que apunta al naturalismo resaltando los colores en contraste, y a una puesta con sentido coreográfico, nada sería lo mismo sin el trío actoral fuertemente comprometido (no en vano, dos de ellos son los realizadores, y la tercera es una experimentada coach actoral).
Maru Zapata, Agustín Gregori y Bernardo Francese aman a sus criaturas (ambiguas, particularizadas en detalles) y se nota en la pantalla. Juegan, se divierten, y nos divierten.
Los hermanos Karaoke ofrece más de lo que su propuesta hacía pensar, abre las puertas a un mundo disparatado y muy particular, que a su vez, plantea más interrogantes que las que resuelve. Nada mal para una propuesta que se enorgullece en su independencia.

por Fernando Sandro

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