La casa de papel: poco ruido y muchísimas nueces

Cada tanto Netflix estrena sin mucho ruido una serie que la rompe. Producida por Atresmedia y Vancouver Producciones y emitida originalmente por Antena 3, hoy es el turno de la española La casa de papel. Para devorártela en una tarde.

El profesor (Alvaro Morte) reúne a una serie de delincuentes de poca monta con un único objetivo: robar, mediante un golpe comando, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de España. Para sacar el mayor provecho posible a la intervención, la idea es amotinarse con rehenes y poner las máquinas a funcionar, imprimiendo millones de euros sin marcar durante la mayor cantidad de tiempo posible. Mientras tanto, la inspectora Raquel (Itziar Ituño), al mando del operativo, va atando ínfimos cabos sueltos con el objetivo de descubrir quiénes son los delincuentes enmascarados para negociar con ellos la libertad de los rehenes.

La serie tiene varios puntos atractivos. En primer lugar, los personajes. El profesor nos remite de manera directa a nuestro querido Mario Santos (el personaje de Federico D´Elia en Los Simuladores, chicos): derrocha inteligencia, hace gala de una gran capacidad de planificación y posee una visión global del golpe, que pone de manifiesto explicando a sus alumnos una gran variedad de elementos que incluyen primeros auxilios, vericuetos legales y los procedimientos de negociación con rehenes que las fuerzas policiales van a aplicar en ellos. Una persona que quisieras que organice tu casamiento, sin lugar a dudas.

Cada uno de los delincuentes, así como los rehenes, tiene bien en claro su objetivo y sus prioridades. Si bien los perfiles responden a ciertos personajes estereotípicos del sub-género “asalto con toma de rehenes” (Nairobi (Alba Flores), la delincuente motivada por recuperar a su hijo, Alison Parker (Maria Pedraza), la rehén rebelde hija de políticos que pone en peligro en reiteradas ocasiones el plan) no cabe duda que hay detrás un trabajo de construcción de los mismos, dotándolos de pasados contundentes que los alejan de monigotes de cartón. No solo intuimos estos pasados durante el golpe, sino que, al poder ver la planificación del asalto mediante flashbacks en la voz de Tokio (Úrsula Corberó), los encontramos en momentos más distendidos, conversando de sus vidas aunque el líder les haya impuesto la prohibición de tener información mutua y establecer vínculos que no sean estrictamente laborales. El profesor, conocedor del comportamiento humano, sabe que si su plan tiene fisuras provendrán de situaciones en las que los sentimientos imposibiliten a sus discípulos a actuar en frio. Esos pequeños incidentes que hacen peligrar el plan son el principal gancho para que avance la acción. Los daños colaterales, las improvisaciones y el estar constantemente al límite hacen de la serie una producción completamente adictiva.

Hablaba antes de la construcción de los personajes, y es fundamental mencionar que todos estos personajes no solamente han sido seleccionados de manera apropiada en el casting, sino que todos los intérpretes están muy bien, atravesando diferentes matices de acuerdo al nivel de tensión de cada situación que viven. La convivencia forzada bajo presión es momento en el cual sale a la luz la verdadera humanidad de cada persona. Algunos delincuentes, bautizados con nombres de ciudades para resguardar sus identidades, se muestran más solidarios y humanos que los rehenes, que llegan a niveles de egoísmo que quizás ellos mismos desconocían tener.

Aunque estamos ante una serie muy recomendable, hay algunos huecos de guión que no podemos dejar de mencionar. Evitando spoilers, el momento de mayor crisis, el clímax, se logra borrando un poco con el codo la personalidad de algunos de los personajes construidos en los episodios anteriores. Una de dos, o los forzaron a comportarse de maneras convenientes para la trama o tenían un espectro de contradicción interna que no fue expuesto en profundidad. Lo bueno es que este momento de máxima tensión se logra desarrollando en paralelo situaciones cruciales en cada una de las tramas y, a menos que seas un fundamentalista del guión y te indignes a tal punto de dejar de verla, los baches se tapan entre ellos.

Recomendación: omití la intro. La canción principal, My Life Is Going On, interpretada en inglés por Cecilia Krull con una pronunciación polémica es pegadiza a nivel pesadilla. Pero fuera de ello, liberate una tarde, comprate un sanguche de milanesa y dale play.

por Ayi Turzi

One Comment

  1. Agus

    La disfrute muchisimo, estuvo a un pelo de volverse predecible pero le daban una vuelta de tuerca q por lo menos a mi nunca se me hubiera ocurrido (no spoilers jajaj).
    Me enamore de rio al instante, y Nairobi es un personaje que pega exacto con la actualidad de la mujer.
    Bravo!!!

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