Las aventuras de la Princesa del póker

La semana pasada llegó a nuestros cines Apuesta Maestra (Molly´s Game), el debut de Aaron Sorkin en la dirección. El guión de la película se basa en Molly’s Game: From Hollywood’s Elite to Wall Street’s Billionaire Boys Club, My High-Stakes Adventure in the World of Underground Poker (!) el libro de Molly Bloom, denominada la “princesa del póker”. En estas breves memorias, cuenta como construyó una red de juego clandestino que movía millones e involucraba a famosos actores, deportistas e incluso integrantes de la mafia rusa. Fuimos a verla sin expectativas y nos llevamos una grata sorpresa.

La película comienza mostrándonos el accidente de Molly que la dejó afuera de las competencias profesionales de esquí. Narrado en una primera persona que interpela al espectador, el relato salta al tiempo presente, al momento en que es detenida por el FBI y se centra en el posterior proceso judicial hasta su resolución. Intercala mediante flashbacks momentos cruciales de su pasado y los pormenores de la construcción de su imperio lúdico. Comenzó como camarera en un bar, de ahí pasó a ser asistente administrativa de un productor violento y demandante. Su paciencia y sumisión le abrieron la puerta a ayudarlo con la organización de partidas de póker clandestinas hasta que, cansada del maltrato, organizó sus propios juegos.
La intriga principal es cuál será la estrategia que toman Molly (Jessica Chastain) y Charlie Jaffey (Idris Elba), su abogado, para presentar en el juicio, buscando siempre la pena mínima. Hay una serie de grises legales en los que se pueden apoyar para que los juegos de Molly sean “lo menos ilegales posible”, el tema es que ella se rehúsa a dar información certera que no ha publicado en su libro por respeto a sus clientes. Al principio hay una ambigüedad, sostenida por la gran actuación de Chastain, que no nos permite dilucidar si lo que le cuenta al abogado es cierto o no, generando un halo de misterio que la vuelve magnética. También se niega a tergiversar los hechos de modo que le convengan. Por ejemplo, él le propone que se haga pasar por una simple mesera, exenta de toda responsabilidad, para reducir su condena, y ella se niega rotundamente: aunque haya cometido un delito, está orgullosa de eso y no quiere perder méritos.

Como mencionábamos anteriormente, tiene un muy buen ritmo de montaje en sus dos primeros actos. Intercala los tres hilos temporales de manera que la información brindada se va complementando, reconstruyendo en paralelo los hechos y su personalidad. Utiliza una serie de recursos gráficos que hacen dinámicas y didácticas las explicaciones sobre reglas del póker que necesitamos saber para comprender determinados sucesos.
Si bien a lo largo de la película se indaga en la psicología de la protagonista, el foco está puesto en los hechos. Lo que desinfla un poco la construcción general de la trama es el tercer acto: de pronto cobran importancia ciertos factores psicoanalíticos de relaciones entre padres e hijas, dejando de lado la causalidad de sus actos y buscando sus razones. El vuelvo repentino a indagar sobre las personas y sus motivaciones descoloca un poco al espectador, atentando contra el buen ritmo general que veníamos disfrutando.
Lo mismo la resolución: sin spoilear, podemos decir que Molly siempre ha conseguido todo por su cuenta, y en vez de darle ella misma un cierre a su peripecia, opera una especie de deus ex machina que no solo nos corre de su arco de transformación, sino que además nos da la sensación que perdió cierta independencia y que su coraje inicial queda neutralizado por decisiones ajenas. El personaje no retrocede, pero nos da la sensación que termina de cerrar, que al terminar la película sigue en proceso.

Llevadera e interesante aunque al final se pincha un poco, con actuaciones y montaje memorable, marca un muy buen debut de Sorkin en la dirección tras una carrera como guionista llena de reconocimientos: cosechó por ejemplo un Oscar y un Globo de Oro por La Red Social (The Social Network, David Fincher, 2010) y un Globo de Oro por Steve Jobs (Steve Jobs, Danny Boyle, 2015). Para ver más de una vez.

por Ayi Turzi

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