Mazinger infinity: La nostalgia nuestra de cada día

Esta semana vuelve un viejo conocido. En esta oportunidad en la pantalla grande, se estrena Mazinger Z, aquel primer mecha que inicio un género que todo el mundo disfruta hoy en día de una manera muy natural. Incluso el fanatismo por ese género permitió que el año pasado disfrutáramos de una batalla de robot tripulados (busquen en Youtube “EE.UU. vs Japón pelea de robot gigantes” o “MEDABOTS VS SUIDOBASHI (The giant robot duel)”). Si bien no tienen nada que ver en velocidad con las batallas plasmadas en los formatos televisivos o de cine, no deja de ser el inicio de algo parecido a lo propuesto en estos. ¿Quién no quisiera conducir algún Jaeger de Del Toro?

Más allá de todo esto, hablemos un poco de Nagai, el creador de este ícono. Es un dibujante y guionista japonés que era fan de series como Gigantor (Tetsujin-28) creada en 1956 por Mitsuteru Yokoyama y Astroboy de Osamu Tezuka en 1951, historias que lo inspiraron al crear su primer serie sobre robots, Getter Robot. Este proyecto no lo satisfacía por completo, pero esa insatisfacción luego se vería superada con la llegada de Mazinger Z (1972), idea que surgió durante un atasco de tráfico donde pensó que sería genial que su auto se transformara en robot y “sorteara” la congestión automovilística en la que se encontraba. Personalmente, opino que en su mente quería hacer una versión robótica de Un día de furia (Falling Down, 1993), mientras Douglas andaba haciendo Las calles de San Francisco (The Streets of San Francisco) en 1972. En fin, nace la idea de un robot que era controlado en una cabina interna como si de un auto se tratara. No conforme con esto, mediante Getter Robot y Groizer X deslumbra con la idea de robots transformables antes que aparecieran Voltron (1981), Macross (1982) o Transformers (1982). Dato curioso es que originalmente el aerodeslizador de Koji kabuto iba a ser una moto, pero como en esa época se volvió muy famosa su serie Kamen Rider y este personaje usaba una moto, prefirió hacer el cambiazo. Y por si no fuera poco también es responsable de Devilman, serie que Netflix reversionó (respetando el manga) y puso en su plataforma bajo el título Devilman Crybaby con 10 épicos episodios.

Volviendo a la película Mazinger Z: Infinity, tiene 95 minutos de pura nostalgia para aquellos que hayan disfrutado de dicho anime o manga. Dirigida por Junji Shimizu y guionada por Takahiro Ozama, esta película da una impresión de ser un episodio más (remasterizado y mejorado gráficamente) de la serie y con cierta intención de cerrar una era. En un momento me hizo acordar al primer episodio de la décima temporada de X-files, donde el mismo Mulder ha madurado en lo que refiere a cómo mira las conspiraciones. Al personaje de Koji pareciera que se le pide ese traspaso a la adultez, que personalmente también atañe de manera indirecta a esa audiencia que disfrutó desde 1972, es decir, que ya está en sus más de 40 años. Y más allá de que la nostalgia mira con otros ojos este tipo de series, en una época donde todo lo viejo volvió renovado para bien o para mal, esta película va a tener un defecto importante: apunta a la gente que creció viendo la serie.

Dudo que los niños de hoy en día disfruten de esta película, no por ser mala, sino por cómo apela a la nostalgia del espectador: es una película muy entretenida si se está habituado al animé; se nota que el guion recuerda a series actuales con los discursos que justifican mediante física cuántica (o de índole parecida) las situaciones de la trama, en oposición a los guiones “más simples” que había en los 70/80; las secuencias de peleas son espectaculares, e incluso en un momento los movimientos de los robots del ejército hacen pensar en una batalla de la serie Gundam, también en oposición a como se muestran las batallas más clásicas de Mazinger Z y Great Mazinger.

Como muchas veces pasa, ver en el cine estas películas o episodios de series (como ya ha pasado) es una experiencia muy diferente que en muchos casos vale la pena disfrutar. En esta película, escuchar los distintos gritos que activan el armamento de los distintos mechas ayudan a emocionarte con más contundencia. Podría ser mejor película, pero cumple lo justo para entretener. Eso sí, su mayor fuerte es la nostalgia, y si esa magia no está, la película decae bastante aunque sigue siendo disfrutable.

por Maximiliano R. Espósito

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