Necronomicón, el libro del infierno

Los amantes del cine de género nacional estábamos muy entusiasmados con el proyecto de Marcelo Schapces: desarrollar una película que tenga como tópico central la aparición de un ejemplar del Necronomicón en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Si bien nos gusta que los mitos universales vengan de visita a nuestro país, y Lovecraft es un escritor que tiene muchos seguidores, la película nos desilusionó un poco.

Buenos Aires sufre lluvias y tormentas hace varios días. No hay expectativas que el clima mejore. Pero además, el ambiente se encuentra por demás enrarecido. Abramovich (Diego Velázquez), lidia con Judith (Maria Laura Cali), su hermana paralítica que parece no estar del todo cuerda, y trabaja en la Biblioteca Nacional. Recibe de la directora (Cecilia Rosetto) instrucciones para ingresar a un anegado sector oculto, que quedó revelado tras el derrumbe de una pared, para verificar qué ejemplares pueden restaurarse. Abramovich rescata algunos y los lleva a su librero amigo, Baxter (Daniel Fanego), quien le confirma que la mayoría son libros de alquimia y magia. Paralelamente, se entera de la muerte de su vecino Dieter, quien resultaba ser el cuidador del Necronomicón, y que debe ser él quien continúe con esta tarea.

La trama por momentos se hace confusa y lenta. El personaje de Velázquez es un tipo que no entiende nada, y lo manifiesta con insistencia, ante esa postura esperamos que de algún modo se transforme, pero no termina de suceder, sino que atraviesa toda la película movido por otros personajes. En vista de esta pasividad, no terminamos de entender qué lo hace tan especial como para merecer ser el cuidador del libro. ¿Quizás su falta de curiosidad e iniciativa lo mantendrán alejado del deseo de leerlo?

Hay además algunos elementos y personajes que hacen dar giros extraños a la trama, que como no responden a una causalidad clásica podrían ser considerados arbitrarios.

Los efectos visuales se manejan en un código no realista que el espectador de nicho está acostumbrado a ver, conoce y comprende, pero son carne de cañón para el consumidor de Avengers y Transformers, que posiblemente se distraiga aún más de la trama.

Lo más destacable son las ambientaciones, que por momentos ayudan a transmitir sutilmente el clima de agobio que sufre Abramovich, y la música incidental que apuntala en el mismo sentido, a pesar de que a nivel global la película no termine de atraparte.

Resumiendo, como propuesta comercial le falta una vuelta de tuerca, un golpe de horno, más que nada en comparación con el alto nivel que han alcanzado las producciones locales de género en los últimos años.  El hecho de ubicar una copia del Necronomicón en la Argentina y el juego con la figura de Jorge Luis Borges tenían un enorme potencial para ser un hit, pero alberguemos la esperanza que con el correr del tiempo se vuelva un film de culto.

por Ayi Turzi

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