Netflix de terror: La maldición de la casa Hill

Si hay un tópico repetido hasta el hartazgo en el género del terror, es la casa maldita que genera estragos en las familias que la habitan. La mitica  Amityville, sin ir más lejos, cuenta con más de una docena de revisiones. Una de las últimas series originales de Netflix aborda el tópico haciendo foco en cómo dosifica la información al espectador y genera un producto tan adictivo como escalofriante que se vuelve sorpresivo para el nivel de producciones originales de la plataforma que, hay que decirlo, venía decayendo.

La familia Crain, compuesta por un matrimonio de profesionales de la construcción con cinco hijos, desembarca en una casa enorme con la finalidad de remodelarla y venderla al mejor postor. Una extraña habitación, denominada por ellos mismos “la habitación roja”, está cerrada con llave y no tienen manera de abrirla. Algunos de los integrantes de la familia empiezan a experimentar sucesos que no saben si son paranormales o la pérdida de la propia cordura. Con una estructura que podría recordarnos el tv film de IT (1990), las secuelas de estas experiencias siguen presentes en la vida de cada uno de los hermanos, muchos años después. Y así, entre la reunión entre ellos en la actualidad y el esclarecimiento de los hechos que los marcaron en el pasado transcurren los 10 episodios que, si tenés tiempo, ves de corrido.

Como decíamos en la introducción, el principal atractivo de la serie es el modo en que brinda la información. No solo fragmenta la temporalidad en múltiples momentos, sino que nunca ofrece un punto de vista completo. Si bien el tiempo se puede dividir en dos grandes franjas (presente y pasado) hay dentro del pasado toda una serie de saltos temporales que se van organizando de acuerdo a los puntos de vista de en quien se focaliza cada episodio: vemos lo que pasa hoy, pero a la vez lo que pasó hace seis años, dos meses o diez años a través de los ojos de cada uno de los hermanos y este entramado complejo es lo que nos mantiene absolutamente pegados a la pantalla. ¿Qué pasó? cobra mucho más peso que ¿Qué va a pasar? Y acá tendría que decir algo sobre la resolución de esta premisa o la trama general, pero no es mi intención arruinar la experiencia. Sí podría adelantarse, sin spoilear, que el cierre ha generado polémica porque la serie se construye con un código y en un sentido, y la conclusión opera mayormente en otro, pudiendo dejar insatisfecho al espectador. En particular no pude evitar recordar el final de Lost, al cual banco incondicionalmente, pero todos recordamos como casi da inicio a la Tercera Guerra Mundial.

La propuesta de realización es increíble. Mike Flanagan prescinde de lo obvio y de los jumpscares para dedicarse a generar una atmósfera cargada de terror gótico. Aprovecha la estructura narrativa que le da la batuta de cada episodio a un personaje diferente para experimentar con diferentes recursos técnicos, alcanzando el punto más alto en el sexto episodio, compuesto de seis largos y muy bien coreografiados planos secuencia. Los colores elegidos en diferentes secuencias generan en primer lugar un profundo contraste entre los dos escenarios principales (la casa y la funeraria de Shirley, una de las hermanas) y dotan a la serie de una fuerte identidad visual muy emparentada a diferentes movimientos pictóricos.

Como último punto a destacar no podemos omitir las actuaciones: en primer lugar el cast está muy bien seleccionado y los actores que interpretan a los hermanos tanto niños como adultos parecen ser, efectivamente, la misma persona, no solo por las similitudes físicas sino también por sus gestos y posturas. Todos los personajes, sobre todos los niños, logran interpretaciones más que convincentes, manteniéndose en un código naturalista que no exagera o sobre actúa los momentos de terror, ayudando a reforzar el miedo, real, que invade al espectador en algunos momentos en particular.

Recapitulando, La maldición de la casa Hill sabe hilvanar, mediante el uso del tiempo y de la dosificación de la información, una intriga que te mantiene en vilo sus diez episodios. Tiene una búsqueda formal muy interesante que sabe, sin embargo, mantenerse dentro de lo clásico y se ve reforzada por un gran nivel de actuaciones. La grieta, entonces, la hallamos en la resolución. Y para saber de qué lado estás no te va a quedar otra que verla.

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