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LA CUARENTENA NOS DEJA MUCHO TIEMPO LIBRE Y NO HAY NADA MEJOR QUE APROVECHAR EL TIEMPO PARA VER GEMAS DE CULTO QUE NO CONOCÍAMOS. LEONARDO BARONE NOS CUENTA SOBRE EL VISITANTE DEL MÁS ALLÁ (STRIDULUM, GIULIO PARADISI, 1979), TAMBIÉN CONOCIDA EN EE. UU. COMO THE VISITOR, UNA EXPLOITATION ITALIANA PROTAGONIZADA POR GRANDES GLORIAS DEL CINE.

 

¿QUÉ MIERDA ES?

Como no podía ser de otra forma, el principal ideólogo de tan peculiar proyecto fue el gran Ovidio G. Assonitis, productor de origen egipcio que durante aquellos años se había especializado en la elaboración de esta clase de películas; es decir, auténticos subproductos camuflados como si de grandes superproducciones se trataran. Fruto de esta estrategia comercial surgieron gemas como Tentáculos (Tentacoli, Assonitis, 1977) o Un pacto con el diablo (Chi sei?, Assonitis y  Robert Barrett, 1974), dos de los más populares clones de, respectivamente, Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975) y El Exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973), gracias en gran medida a la participación en ellas de figuras como Juliet Mills, Henry Fonda y Bo Hopkins.

En éste caso se utilizó la misma fórmula, es decir, equipo técnico italiano, rodaje en Estados Unidos y participación en el reparto de estrellas del cine para sumar valor de producción. Aquí tenemos nada menos que a John Huston, Shelley Winters, Glenn Ford, Mel Ferrer, Franco Nero, Lance Henriksen y hasta Sam Peckinpah. En  El visitante del más allá Assonitis optó por llevar su particular estilo hasta las últimas consecuencias. Además de potenciar la presencia de viejas glorias de la gran pantalla, decidió hacer lo propio con el número de modelos a imitar; si sus anteriores trabajos se habían centrado en “homenajear” únicamente un título en concreto, en esta ocasión su planteamiento pasaba por aludir a las principales tendencias del cine fantástico de la época. Como la ciencia ficción ufológica, el terror de temática satánica y el protagonizado por niños hijos de puta, toda una amalgama de referentes a la que se le unía la más que evidente influencia ejercida por títulos más añejos como El pueblo de los malditos (Village of the Damned, Wolf Rilla, 1960) y Los pájaros (The Birds, Alfred Hitchcock, 1963).

RAZONES PARA VERLA

Por la maravillosa época de los efectos especiales sin CGI donde podemos ver gente real en verdaderos accidentes de tránsito (que cuenta por ejemplo con grandes como Vern Hyde que estuvo a cargo de los efectos especiales de Evil Dead 2 y de Army of Darkness de Sam Raimi o Bob Shelley a cargo de los efectos de Desperado de Robert Rodriguez). La maravillosa música de Fanco Micalizzi, responsable de la banda sonora de Me llaman Trinity (Lo chiamavano Trinità…, Enzo Barboni, 1970) utilizado como otros tantos compositores por Tarantino en un par de sus producciones. La hermosa fotografía de Ennio Guarneri (colaborador del gran Federico Fellini), y por si todo esto fuera poco por la demencial trama.

LA TRAMA

Cuando Luciano Comici terminó de escribir el guion, era bastante normal y durante el proceso de filmación, la mezcla de la imaginación de Assonitis, el director Paradisi, además de la colaboración de Robert Mundi, acabó convirtiendo El visitante del más allá en el fantástico delirio bizarro que hoy día podemos disfrutar con asombro y maravilla.

El argumento, una demencial mezcla de Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encouters of the Third Kind, Steven Spielberg, 1977), El Exorcista y La Profecía (The Omen, Richard Donner, 1976), nos presenta a un grupo de extraterrestres empeñados en eliminar a uno de los últimos descendientes de la dinastía del mal, que resulta ser una niña demoníaca de ocho años que tiene un extraño halcón por mascota, con poderes paranormales.

La eterna lucha entre el bien y el mal culmina en nuestro querido planeta. Las huestes celestiales, están encabezadas por un anciano de barba blanca cuyo nombre originario es Yaved, interpretado por John Huston y Franco Nero es una especie de Jesucristo dedicado a instruir a una comunidad de niños con la cabeza rapada. La representación que se hace de los acólitos del demonio tampoco tiene desperdicio. Son mostrados como un intrigante círculo de magnates y hombres de negocios que utilizan su poder social, político y económico para llevar a cabo sus oscuros propósitos (imposible no recordar a las Oficinas del Partido Republicano de Springfield liderada por Burns en Los Simpsons). Dicho de otro modo: el capitalismo es formulado como un invento del diablo hecho para controlar a los hombres.

Un filme que parece una película normal y corriente, pero que cuando menos te lo esperas te sorprende con algún detalle bizarro o demencial o ambas cosas al mismo tiempo. Todo eso y mucho más es El visitante del más allá.

Por Leo Barone

 

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