Parasite: de Corea del Sur al mundo

Sinopsis

Tanto Gi Taek (Song Kang Ho) como su familia están sin trabajo. Cuando su hijo mayor, Gi Woo (Choi Woo Shik), empieza a dar clases particulares en casa de Park (Lee Sun Gyun), las dos familias comienzan una interrelación de resultados imprevisibles. Además, tienen mucho en común pese a pertenecer a dos mundos totalmente distintos.

Por: Aldana Del Giudice

Reseña

No es nuevo decir que Parasite es la película del momento. Llama la atención porque no es un proyecto de Estados Unidos y no tiene nada que ver con los cómics. Estamos hablando de una cinta coreana que no para de recomendarse en el mundo cinéfilo hace varios meses.

En el CV del director, Bong Joon Ho, resuenan varios títulos: Memories Of Murder (2003), The Host (2006), Snowpiercer (2013) y Okja (2017). Obviamente, hay más. Sin embargo, Parasite está haciendo que su nombre se escuche más fuerte. Por otro lado, tampoco hay que olvidar el discurso del señor en los Golden Globes después de haber ganado la estatuilla en la categoría de Mejor Película en Lengua No Inglesa. Ahí les tiró un palito a los yankees: “Una vez superada la barrera de los subtítulos, descubrirán películas maravillosas”. La cuestión es que está en la mira.

Dicho lo anterior, es normal esperar que una película filmada en un idioma diferente represente un impedimento para verla. Sin embargo, los temas son tan universales que rompen con cualquier barrera de prejuicios. La necesidad de pertenecer a un grupo, la grieta entre las clases sociales y los conflictos familiares son cosa de todos los días en todas partes del mundo.

No solo abarca una notable cantidad de temas, también lo hace con su género. Parasite tiene tintes de humor negro, thriller, drama y crítica social. Cada categoría cuenta con su momento magistral y termina logrando su objetivo.

Los personajes proyectan una personalidad muy marcada y todos logran tener su ‘minuto de fama’. Ninguno es menos importante que el otro, están porque deben estar. Además, ya que se tocan fibras tan humanas, la historia casi que obliga a pararse de un bando y tener sentimientos encontrados por cada uno de los nombres que se presentan.

Los escenarios, aunque son pocos, poseen la estética que deben representar para contextualizar al espectador. Además, cumplen un rol fundamental y están relacionados a las metáforas de clasismo que el director quiere comunicar. La manera en la que se narra se mueve tan correctamente que, en ningún momento, se siente un cambio brusco negativo. La historia es dinámica y llevadera.

Todos los aspectos técnicos, que son tratados tan positivamente, generan que se despierten los pensamientos. No es un film para ver y comer pochoclos. Está para que se replanteen cosas, sentir incomodidad y cuestionar privilegios. Puede que se necesite de verla más de una vez para comprender más cosas y encontrar pequeños detalles significativos.

Como lado negativo, relacionado al conocimiento, vale debatir sobre lo que no se percibe. Hay cuestiones que, por haber nacido en el otro lado del mundo, pueden pasar de lado. Existen creencias y prejuicios de la cultura oriental (comida de la ‘high society’, por ejemplo) que no llegan a captarse por alguien que no esté informado sobre ésta. Son detalles que suman un montón, pero terminan siendo poco analizados por cierto tipo de público, aunque conformen un todo.

Parasite es una cinta para ir sin saber mucho. Está para impactar y reflexionar. Es una puerta de entrada para salir del típico blockbuster y aventurarse a conocer otras culturas.

En palabras de Bong Joon Ho: “Esta película es una comedia sin payasos, una tragedia sin villanos; todo lo que lleva a un violento enredo y una caída precipitada por las escaleras”.

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