Perfectos desconocidos: una remake a la altura de Alex de la Iglesia

Después de El Bar, su propuesta del año pasado que dividió aguas entre defensores y detractores, regresa Alex de la Iglesia a nuestros cines con Perfectos desconocidos, una remake de la película italiana homónima de 2016. Si bien las películas nunca agradan al 100% del público, estamos seguros que este estreno sumará mucha gente que la ame.

Una noche de luna roja que supuestamente enloquece a la gente, un grupo de amigos se reúne a cenar. Son tres parejas casadas y Pepe (Pepón Nieto), el último soltero, que esa noche presentará a Lucia. Cada pareja vive una realidad diferente: Blanca (Dafne Fernández) y Eduardo (Eduardo Noriega) recién casados, no dejan de tener sexo. Ana (Juana Acosta) y Antonio (Ernesto Alterio) parecen ser los que peor se llevan (dato de color, están casados en la vida real, se deben haber divertido muchísimo en el rodaje). Eva (Belén Rueda) y Alfonso (Eduard Fernández), los anfitriones, tienen como principal foco de conflicto a Sofia (Beatriz Olivares), su hija adolescente, a quien la madre sobreprotege y el padre defiende. Sofía increpa a su madre que no revise sus cosas, porque el que busca algo lo encuentra. Esta frase, de modo casi subliminal, marca la dirección en que se desarrollará la película.

Como los temas de conversación, a pesar del clima jocoso en general, parecen ser los mismos de siempre, Blanca propone un juego: todos dejarán sus celulares sobre la mesa y cualquier mensaje que entre será leído en voz alta, y las llamadas atendidas en altavoz. Con cierta resistencia, los comensales aceptan.
A partir del primer mensaje, empieza a operar una suerte de bola de nieve: cada mensaje que va llegando es peor que el anterior. Se van revelando secretos entre las parejas primero, y entre el grupo de amigos después. “El que esté libre de pecado, que arroje la primer piedra” reza el dicho popular. Ninguno está libre y, a pesar de la amistad y el cariño que los une, no dudan en apedrearse mutuamente, a veces en broma, a veces ocultando algún resentimiento o temor propio.

Perfetti Sconosciutti planteaba la misma situación en un tono dramático que te deja angustiado. De la Iglesia vuelca la trama a una comedia ácida, casi negra, con algunos elementos fantásticos. La química entre los personajes, sus actuaciones y los diálogos imprimen un ritmo que no para. El hecho que no estén siempre sentados a la mesa, sino que se vayan dando situaciones paralelas a lo largo de toda la casa, hacen que te enganches con la historia y no dejes de preguntarte qué más puede pasar.
Hay dos recursos formales, la musicalización y los movimientos de cámara, que si sos cinéfilo te sacan una sonrisa por sí solos. Sostienen la tensión y el ritmo todo el tiempo. Incluso, por momentos la tensión es tan intensa que fantaseás con otra remake más, pero dirigida por Tarantino.

Perfectos desconocidos es una película de la cual se disfruta cada segundo, no querés que se termine nunca. Pone en tela de juicio la privacidad, la hiperconectividad e ilusión de comunicación, el límite de lo privado dentro de una pareja, los prejuicios sobre la sexualidad tanto propia como ajena. Sí: salí corriendo a verla.

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