Profondo Rosso (1975): La película que marca la autoría de Argento.

Por Lucas Salvi

A partir de La Ragazza che Sapeva Troppo (1962) de Mario Bava, en Italia se dio el puntapié a un extraño subgénero del terror: el giallo. En el libro Giallo: crimen, sexualidad y estilo en el cine de género italiano (2019), Marcos Gustavo Vietyes comenta:“El giallo nos ubica en un lugar fabuloso: el del público de circo asombrado ante los mil y un acontecimientos que desfilan ante nuestros ojos”.

Con miles de espectadores encantados, el giallo cultivó exponentes como: Mario Bava, Lucio Fulci, Umberto Lenzi, Sergio Martino y Dario Argento. Este último es, por lejos, el más conocido de los cinco. Con una extensa filmografía (más de veinte largometrajes) se consagra, por opinión popular, como el “maestro del terror italiano”.

David Hemmings ya había experimentado un protagónico en el género detectivesco y suspense con Blow-Up (1966) de Antonioni, pero Profondo Rosso (1975) supuso un desafío aún mayor. Hay una diferencia sustancial entre cualquier policial y el giallo. El policial clásico suele trabajar sobre el fuera de campo e intenta no mostrar desnudos y/o escenas muy violentas. Por otro lado, el dentro de campo en el giallo es uno de los ingredientes esenciales, además del desquiciado asesino de los guantes negros.

Para muchas personas el cine de Argento es crudo, gore, gráfico y hasta sangrientamente pornográfico. Y quizá estén en lo cierto porque sus películas no son para cualquier estómago. La secuencia del primer asesinato de Suspiria (1977) o la del baño de Profondo Rosso pueden confirmarlo.

Esta última escena mencionada en el párrafo anterior tiene algo especial: la legitimación de su marca autoral. Si bien desde L’uccello dalle piume di cristallo (1970) se distingue cierta ideología cinematográfica, no termina de quedar claro hasta 1975 con el estreno de Profondo Rosso. Este giallo contiene todo lo que Argento desea filmar: puntos de giro, persecuciones violentas, planos oscuros con predominancia de colores rojos, teleobjetivos y grandes angulares, escenas sangrientas y un clímax enmudecedor.

Lo mejor radica en la resolución del conflicto: el director manipula la atención del espectador para dejar huellas a plena vista sin ser descubiertas.

¿Y qué se puede decir del score de Goblin? La musicalización cuenta una historia por sí misma, aumentando el impacto final de la película. La pantalla vuelve a teñirse de sangre, y más argentamente que nunca.

Un comentario

  1. Ale S

    Muy buena nota, me hizo recordar cuando descubri esta pelicula en el videoclub de mi barrio alla por mitad de los a#os 80s y volvi contento con el VHS bajo el brazo caminando hasta casa. A las 24hs lo devolvi perturbado por las imagenes de mu#ecas torturas, sangre truchas y nenes con cara de diabolicos.

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