¿Qué tendrá el Mandaloriano que al fandom lo vuelve loco? Cinco motivos

Con solo cuatro capítulos estrenados, The Mandalorian logró algo inédito en el fandom de Star Wars en varias décadas: el apoyo casi unánime de quienes siguen la saga. Cerró la grieta, al menos hasta diciembre. En 120 minutos, esta serie mantiene todos los viernes en vilo incluso a los más acérrimos detractores de la era Disney.

Pero ¿cómo lo consiguió? ¿Qué elementos se conjugaron para generar el fenómeno que hoy es The Mandalorian? La frase que patentó la serie fue “este es el camino” y, sin dudas, abre nuevas formas posibles de contar historias dentro de la franquicia que hasta ahora no se habían visto en pantalla.

En CFyB analizamos cinco aspectos que, entre otros, colaboran a que muy probablemente estemos ante uno de los grandes relatos de Star Wars

 

  • Influencias claras

Star Wars es, desde ese lejano 25 de mayo de 1977, una saga que se hace bastante cargo de las historias que aportaron directa o indirectamente a su creación. Desde La Fortaleza Escondida de Akira Kurosawa hasta El Señor de los Anillos de JRR Tolkien, pasando por Flash Gordon y Buck Rogers, son múltiples las historias que George Lucas metió en su licuadora creativa para dar pie a la película que revolucionaría la industria del cine comercial a pesar de que, en un principio, casi nadie le tenía fe.

Por eso, cuando The Mandalorian apareció dentro del radar de futuros proyectos, quedó claro por dónde irían los tiros (nunca mejor dicho). El western vuelve a reclamar lo que es suyo dentro de la saga. Si bien siempre fue un género presente en la estética y en varios detalles de la trilogía clásica, aquí irrumpe con toda su batería de duelos, silencios, paisajes y pausas.

Pero hay otro elemento clave que remite a una tradición ficcional atractiva: la del personaje duro que protege al vulnerable. La dupla de Mando y The Child (aka Bebé Yoda) funciona desde el primer instante.

En la primera trilogía todo se estructuraba en función del Camino del Héroe, descrito por Joseph Campbell en sus libros. Acá también la trama apela a una tradición de historias que activan esa fibra que los hace inmediatamente legendarios. El ejemplo más parecido está en Lone Wolf and Cub, el manga de Kazuo Koike. Allí también un asesino a sangre fría inicia un camino de fugitivo errante junto a su hijo bebé.

 

Siguiendo en la tradición nipona está a Aioros de Sagitario, el caballero de la saga Saint Seiya, quien ensangrentado y agónico salva a la pequeña Saori/Athena. O el caso, en otro tono y temática, de la película Tokyo Godfathers, en la que tres vagabundos rescatan a una beba de la basura.

Ya más cerca de la factoría Lucasfilm está  Willow, el film de 1988, cuyo protagonista homónimo, un granjero aspirante a hechicero interpretado por Warwick Davis, inicia un viaje fantástico para proteger a una recién nacida y une fuerzas con un bandido a cargo de Val Kilmer. Y los ejemplos podrían continuar con la evolución natural de esta idea: la de inocentes niñas protegidas por tipos rudos que no parecían tener sentimientos (léase el sicario León y Mathilda en El perfecto Asesino, o incluso Hopper y Eleven en Stranger Things, Wolverine y Kitty Pride y muchos otros). Una vez más, está claro, el camino de Star Wars siempre será reformular, con astucia y buenas ideas, aquellos relatos que anidan en el subconsciente y siempre están listos para regresar.

 

  • Bebé Yoda: poderoso el chiquitín

Aunque ese no es su nombre, el fenómeno mediático que supuso el cachorro cincuentón de raza similar a Yoda es un motivo en sí mismo para desentrañar el éxito de la serie. Por un lado personifica (o alienifica) la posibilidad de que por fin descubramos cómo se llama la raza, de dónde proviene y cuál es su vínculo con la Fuerza, acaso natural o genérico. No es seguro que The Mandalorian responda estos interrogantes, pero ya es todo un evento que introduzcan un nuevo personaje de esa escurridiza especie en un rol central. Además de Yoda sólo hay un precedente, la maestra jedi Yaddle, quien no sumó más detalles a la procedencia de estas criaturas más allá de que probablemente se reproduzcan de manera sexual (gracias por la imagen mental).

Un gran triunfo de Bebé Yoda es que se trata de un elemento adorable con amplia aceptación. No había sido igual con los Ewoks y los Porgs, que generaron, en 1983 y 2017, discusiones interminables desde el primer momento. Que si se justifica su peso en la historia, que si son realmente lindos, que si los hicieron para vender juguetes (spoiler: sí, como casi todo)… con bebé Yoda la única pregunta que circula es si habrá muñequitos disponibles para esta navidad.

Lo más importante, sin embargo, es que Bebé Yoda permite introducir el elemento místico de una manera distinta a las que veníamos viendo. Mientras que con el estreno de la serie Rebels se cuestionó que se utilizaran jedis en una época en la que se suponían extintos, con este adorable renacuajo sensible a la Fuerza aparece otra vez el folklore jedi pero desde un lugar más novedoso. Y rentable.

 

  • Los bajos fondos

Star Wars siempre fue una saga “sucia”, en lo más literal del término. Las naves, las locaciones y muchos de sus personajes están básicamente curtidos, gastados, cubiertos de polvo, oxidados o despintados. Al menos así era en la trilogía original y, tras un lavado de cara en las precuelas, quedó claro que Disney quería volver a ese estilo rudimentario de los inicios. Donde los buenos están en la clandestinidad, la guerra es de trincheras y los combates dejan marcas (pero no graves) en la piel de los personajes. Sin embargo Star Wars en el cine siempre nos mostró el centro de la galaxia, allí donde se tomaban las decisiones, se libraban las batallas (bélicas o políticas) que definían el rumbo de todo. Aunque había muchos escenarios marginales y personajes de dudosa procedencia, la saga principal siempre estaba allí donde se disputaba el poder.

Pero lo que se desplaza en el fondo siempre atrae la atención. Las novelas y cómics de del Universo Expandido que ya no está en continuidad muchas veces abordaron lo marginal como escenario principal. Y es que entre los tres protagonistas clásicos está Han Solo, el pirata devenido en héroe rebelde que nunca abandona su cariño por los márgenes de la galaxia. Ya en el spin off dedicado a este personaje volvía a sobrevolar la posibilidad de que la siguiente historia se anclara firmemente en los barrios bajos, con traficantes, gángsters y apuestas. Rogue One también había coqueteado con la periferia y el tono más salvaje, violento y descarnado.

Pero la idea de un Star Wars versión outsider  para la pantalla chica viene de mucho antes, cuando todavía George Lucas tenía el control total de la franquicia. En los años previos a la compra por parte de Disney, cuando parecía imposible que saliera un nuevo tanque taquillero de la saga, Lucas pergeñaba una serie de TV cuyo título de desarrollo era “Underowlrd” (similar a los cómics protagonizados por Han y Lando que dibujó el argentino Carlos Meglia). La idea era mostrar historias de gente común en el período de alzamiento del Imperio, entre Episodio III y episodio IV. Por limitaciones presupuestarias, el proyecto flotó en el limbo entre 2005 y 2012, cuando Disney efectivizó la compra y lanzó sus propios proyectos. La ansiedad del fandom por una historia marginal y más brutal nunca mermó.

 

  • Los guiños in-universe

No es fácil que una historia de Star Wars siempre parezca Star Wars. Deben darse algunas condiciones que van más allá de sables de luz y naves espaciales. Tampoco alcanza con tener una cantina llena de alienígenas o la simbología habitual del Imperio. Ese algo más se logra cuando los autores y productores consiguen imprimir el aire particular que circula por todas las películas a pesar de que el género, el tono o los personajes cambien.

El primer gran guiño que lanzó el creador Jon Favreau al difundir imágenes de The Mandalorian fue osado y sutil a la vez: el arma que llevaba el protagonista era exactamente igual a la que porta Boba Fett en los segmentos animados del Especial de Navidad. Sí, aquel fallido experimento televisivo-navideño de 1978 que se convirtió en la oveja negra absoluta de la franquicia. A tal punto esa inconcebible historia de 97 minutos fue repudiada que jamás salió una edición hogareña oficial (pero se puede ver en You Tube). Lo cierto es que la aparición de Boba Fett en pantalla, hasta ese momento desconocido, generó un gran revuelo y sentó las bases del fenómeno mandaloriano. A modo de homenaje, Favreu decidió convertir en canon y mostrar en live action aquella arma de diseño tan peculiar y multifunción.

Pero además, The Mandalorian tiene muchos guiños que hablan de un buen cuidado en los detalles. El clima de acefalía que se da en los tiempos posteriores a El Regreso del Jedi (la serie transcurre cinco años después de la Batalla de Endor), especialmente en los planetas del Borde Exterior, queda patente en comentarios, imágenes de fondo y la confusión generalizada que domina la galaxia. Problemas para establecer una moneda oficial, presencia de “mano de obra desocupada” del Imperio en ámbitos delictivos y el cuestionamiento permanente a quién está a cargo dan cuenta de la época.

En el canon actual de novelas y cómics se ha escrito sobre este período de reconstrucción desde las cenizas del Imperio hasta la conformación de la Nueva República. La ambiciosa trilogía Aftermath de Chuck Wendig es un buen ejemplo, como también la miniserie de cómics Shattered Empire. La gran diferencia es que en esos casos el foco está puesto en los héroes de la Rebelión que ahora se ocupan, política y diplomáticamente, de reconstruir la estructura política. En cambio, The Mandalorian se sitúa en los márgenes, en el submundo donde los protocolos y el debate democrático parecen una utopía.

La serie también está plagada de alienígenas que referencian a distintos momentos de la saga cinematogrográfica e incluso las series animadas.

 

  • Mandalorianos, chapa y pintura

Desde que Boba Fett empezó a vender muñecos antes de tener su debut en pantalla grande, quedó claro que su impacto cultural iba mucho más allá de lo que el personaje hiciera efectivamente en la película. En el viejo Universo Expandido llegó a tener su momento de gloria y desarrollo, también en las precuelas sumaron datos sobre su vida. Poco a poco se fue generando un fenómeno alrededor ya no sólo de Boba como personaje en sí, sino de toda la subcultura que encarnan los mandalorianos, esa etnia guerrera dividida clanes y filosofía singular, cuya historia varias veces se ha contado pero de manera fragmentada y casi siempre alejada de los productos principales de la franquicia.

En los últimos años Lucasfilm/Disney puso foco en los mandalorianos en la serie animada Rebels. Una de sus protagonistas, Sabine, era una integrante alejada del clan, pero que finalmente inicia un camino de reconciliación y protección de los suyos. Allí se podría decir que empezó la prueba piloto para comprobar que el tema mandaloriano seguía atrayendo a los fans.

Esto se notó, sobre todo, en la expectativa que generó el persistente rumor de un spin off cinematográfico enfocado en Boba Fett. Por esos años se decía que el director Josh Trank estaba planificando una película que vendría después de Solo, pero esos spin off quedaron en stand by así como la carrera del propio Trank, luego del estreno de su versión de los Cuatro Fantásticos.

Pero el focus group permanente que son las redes sociales ya había hablado: el pueblo quería mandalorianos, y los quería ya.

por Malena Baños Pozati

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