Review: La odisea de los giles

En Alsina, un pequeño pueblo que el tiempo fue dejando olvidado, un grupo de vecinos decide armar una cooperativa para poner a trabajar un silo abandonado, lo que generaría alrededor de 30 puestos de trabajo. La intención es buena y el plan tiene perspectiva de prosperar…pero un día antes del estallido de diciembre de 2001 el gerente del banco local les propone sacar los ahorros de la caja de seguridad y ponerlos en una caja de ahorro para otorgarles un préstamo. Al principio creyeron que eran víctimas de la mala suerte…pero había gente que tenía información del inminente corralito y literalmente les robó. Y es aquí que descubren donde está el dinero y, con los recursos que tienen, orquestan un plan para recuperarlo.

Es muy difícil, y más en este contexto, intentar evaluar una película dejando de lado su postura política. En realidad, hay que preguntarse si es necesario hacerlo, claro. En particular, me cuesta un poco empatizar con algunos actores cuyas ideologías, opuestas a las mías, son de público conocimiento. Y asumo que esto le debe pasar a la mayoría de la gente, porque en el elenco hay representantes de los dos lados de la grieta. Dicho esto, tratemos de ver la película como eso solamente: una película. Sino el debate es eterno.

Lo primero a destacar es que se toma una anécdota pequeña para retratar un momento crucial de nuestra historia, un caso para ejemplificar lo sucedido a una escala mucho mayor. Es llamativo (o no) que “los villanos” se constituyen en el gerente del banco y un abogado amigo, que se lleva en carácter de préstamo todos los dólares que había en la sucursal. El gobierno solo aparece en un comunicado de Domingo Cavallo a través de la televisión, como un agente externo al caos, como si la culpa hubiera sido de esos dos inescrupulosos que estafaron a un grupo de gente en un pueblo alejado. Y dije que no iba a hablar de la postura política o ideológica hace un párrafo: no me crean nunca más nada.

La trama se siente bien construida, sólida y los personajes bien delineados, aunque por momentos al ser tantos, algunos quedan desdibujados. En lo personal, me molestó un poco Fermín Perlassi, el personaje de Darín. Es como que entra en duda, va, viene, apoya el plan, lo deja de apoyar…y ninguna de las explicaciones que se esbozan al respecto lo justificaban. Lo vi más como un adolescente caprichoso que como un líder conflictuado.

El punto que más me gustó fue el uso del humor. La crisis del 2001 no pasó hace tanto tiempo y aún así ya podemos reírnos de ella. Y esto es en parte porque los personajes, aunque estén angustiados, responden con humor a todo: usan la misma defensa que muchos de nosotros. Y así como hay momentos graciosos, también hay momentos en los que el que se engancha e identifica con la trama se puede emocionar un montón.

Estemos o no de acuerdo con lo que propone, o con las ideologías de los actores que desfilan por ella, es sin lugar a dudas el estreno más grande del año, en términos de producción y respuesta del público. No es de nicho, no es de género: es lo que el público masivo quiere ver. Y lo está demostrando.

 

Por: Ayi Turzi

http://ayiturzi.com

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