Solemnidad, ¿quién te conoce?

Néstor Montalbano lo hizo de nuevo. No llores por mí, Inglaterra es una superproducción ambientada durante las Invasiones Inglesas donde el fútbol ocupa un lugar central. Ayi Turzi pide el cambio y se despatarra cómodamente en el banco de suplentes para contarte de qué va.

 

Primera ronda

No es posible establecer dentro de la cinematografía argentina un antecedente directo a No llores por mí, Inglaterra. Partimos de la base de que las películas ambientadas en la época de la colonia son pocas: El Santo de la espada (Leopoldo Torre Nilson, 1970), Revolución, el cruce de los Andes (Leandro Ipiña, 2010) o El encuentro de Guayaquil (Nicolas Capelli, 2016) son algunas de ellas. Con el fútbol, contra todo pronóstico, pasa algo parecido. Los tres berretines (Enrique Susini, 1933), y El centroforward murió al amanecer (René Mugica, 1961), incorporan la temática como algo central, pero quizás sea recién El hijo de Dios (Gaston Girod y Mariano Fernandez, 2016) la que vincula de modo directo la resolución de la historia con el resultado de un partido.
Menos explorada aún ha sido la relación entre cine de época y comedia: Madame Sans Gene (Cesar Amadori, 1945) nos ubica en la Francia de Napoleón donde una simple lavandera, interpretada por Niní Marshall, termina siendo duquesa. Las mujeres son cosa de guapos (Hugo Sofovich, 1981, fiel a su estilo, diciendo que las mujeres somos “cosas”), una de las tantas producciones protagonizadas por Alberto Olmedo y Jorge Porcel para cinematográfica Aries, se sitúa en 1930, más de cien años después del período colonial. Algunos sketches televisivos de la mano de Peor es nada o Tres tristes tigres del trece y pará de contar. Por eso, esta propuesta que combina todos estos elementos atípicos, demuestra al menos un postulado: el cine todavía tiene cosas nuevas para contar.

 

Fair Play

Buenos Aires, 1806.  El General Beresford se apresta para invadir la ciudad en nombre de Gran Bretaña, pero sus tropas demorarán alrededor de tres meses en llegar. Inducido por su madre, quien ostenta una visión estratégica admirable, le presenta el fútbol a los criollos para mantenerlos entretenidos mientras planifica cómo despojarlos de todo (cualquier similitud con la realidad, sobre todo en este contexto mundialista, es mera coincidencia). Manolete, un criollo ventajero en bancarrota por el fracaso de su última empresa, encuentra la veta para transformar el fútbol en negocio. Un primer enfrentamiento entre equipos locales termina en una batalla campal. Aún convencido que su plan es la mejor opción para distraer a la gente del incipiente conflicto armado, le propone a Manolete un partido de nativos versus extranjeros en la Plaza de Toros. Y así, mientras los españoles y los británicos se disputan el territorio, criollos e ingleses pelean por la gloria dentro de la cancha.

Con el foco puesto en mostrar cómo la pasión ayuda a construir la identidad nacional, Montalbano y Guillermo Hough, quienes desarrollaron el guión por más de diez años, se toman algunas licencias históricas. Por ejemplo, Beresford introduce el juego con reglas actuales, que no existían en 1806, y distan mucho de las originales de 1847. Un enfrentamiento entre barrios rivales, La Rivera y Embocadura, adelanta el primer superclásico casi cien años. No es que uno no vaya a disfrutar de la película por estas atemporalidades, pero es necesario mencionar que la propuesta es consciente de ellas, sino después los haters patalean, como sucedió con 27, el club de los malditos (Nicanor Loreti, 2018), a pesar de la enorme placa inicial que indicaba: “los hechos que veremos a continuación son ficticios”.

Además de saber que la trama no es estricta en el sentido de reconstrucción histórica, el director también se ha mostrado sensato y sereno sobre el mal recibimiento que la película podría tener en algunos sectores de la sociedad. Es que aún estando en el 2018 parte del público se sigue mostrando reticente a mostrar con humor o en tono paródico hechos históricos. Sobreexigir solemnidad a la hora de poner en pantalla retazos de nuestra historia es quizás uno de los motivos por los cuales lo que podría llamarse “comedia de época” es algo tan inédito en nuestro país.

Para que esta ambientación se luzca y se aleje de una estética bizarra y con decorados de cartón, la locación elegida fue Colonia del Sacramento (Uruguay), dado que a priori mantiene una estética colonial que fue completada digitalmente en post producción. Hay en escena más de cuarenta actores y mil extras con vestuario, peinado y maquillaje de época y, a pesar del tiempo que eso lleva, el rodaje pudo terminarse en siete semanas.

 

El Plantel

Algunos de los actores principales son Mike Amigorena (Mario on tour), Gonzalo Heredia (Ronda nocturna), Mirta Busnelli (Los Olvidados), Laura Fidalgo (Soy tu aventura), Luciano Cáceres (Corralón), Fernando Lúpiz (lo que garantiza duelos de espadas), Damián Dreizik (Animadores), Esteban Menis (Showroom) y un favorito del director, Diego Capusotto (Pájaros volando, Kryptonita). Además suma la participación de personalidades vinculadas al fútbol como el periodista Matias Martin, los ex jugadores Fernando Cavenaghi, José Chatruc (busquen en las redes el hashtag #chatrucaloscar) y Evangelina Cabrera, fundadora y presidenta de la Asociación Femenina de Fútbol Argentino. A través de la presencia de Cabrera se busca visibilizar y reivindicar el papel del fútbol femenino, eternamente postergado y menospreciado.

 

El D. T.

Néstor Montalbano es uno de los realizadores vinculados con el humor más importante de la actualidad. Estuvo detrás de monstruos televisivos como De la cabeza (1992), Chachacha (1992 – 1997) y Todo por dos pesos (1999 – 2002), Martín Fierro al mejor programa humorístico en el año 2000 incluido.

No le hizo asco al teatro y dirigió, entre otras, Una noche en Carlos Paz (2004) y ¡Qué noche, Bariloche! (2006), trabajando en conjunto con Pedro Saborido, Fabio Alberti y Diego Capusotto.

En pantalla grande nos supo dar Cómplices (1998), Soy tu aventura (2003), Pájaros volando (2010) y Por un puñado de pelos (2013). Con No llores por mí, Inglaterra busca romper con el tratamiento solemne de las películas nacionales de época, ofreciendo además una reflexión sobre la construcción de la identidad nacional. Tiene todo para salir campeón.

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