Soul: la vida y todo lo demás

por Nicolás Ponisio

El maravilloso mundo de Pixar, con cada uno de sus colosales proyectos que llevan años en ser realizados, siempre funciona en la forma de sus relatos como una invitación a dejarse llevar. Por la imaginación, los sentimientos y la belleza de sus imágenes. Esto mismo dice mucho de la inspiración y la dedicación que todos los artistas del famoso estudio ponen de sí para dar lo mejor en el arte que aman y que su público también ama. Es por ello que es imposible no ver a la gente detrás de estos films reflejados en el corazón, o es mejor decir el alma, de Soul.

El nuevo film bajo la dirección de Pete Docter, y codirigido por Kemp Powers, vuelve a presentar una aventura introspectiva que se encuentra hermanada a Inside Out, su trabajo anterior. Aquí en vez de coloridas personificaciones de las emociones, lo que se tiene son pequeñas y azuladas almas, tanto las que ya vivieron su vida como aquellas que están siendo iniciadas en lo que será esa gran experiencia terrenal. Una de esas almas corresponde a  Joe Gardner (Jamie Foxx), un profesor de música que sueña con poder dedicarse por completo a su gran pasión: el jazz. El problema es que cuando finalmente consigue el trabajo de sus sueños Joe muere.

Bajo su interesante premisa, el film explora en principio la unión terrenal y metafísica que hay en lo que hacemos por vivir. O en el caso de Joe, también por volver a vivir. El planteo existencialista que posee la historia sabe entrelazarse muy bien con el placer musical que despierta el jazz. Dentro del plano de la fantasía, el universo de las almas cuenta con distintos sectores referidos a la experiencia en la Tierra. Uno de ellos, y de los más interesantes, es The Zone, ese lugar al que todos accedemos justamente cuando nos dejamos llevar en el torbellino pasional de lo que hacemos o disfrutamos. En el caso del protagonista, eso se ve representado de manera hermosa cuando sus dedos tocan el piano y se traslada visualmente a ese lugar abstracto e íntimo donde los realizadores logran capturar el concepto de la vida en la máxima expresión del campo audiovisual. 

El problema que reside en el film se debe a que, lo que en principio prometía una búsqueda existencialista, enseguida se pierde al llevar a Joe de regreso a la Tierra. La diferencia es que esta vez se encuentra acompañado por 22 (Tina Fey), un alma que por accidente tiene a su cargo y que se re rehúsa a experimentar la vida. La misma ocupa el cuerpo de Joe mientras que él termina atrapado en el de un gato terapéutico, un elemento narrativo que se sirve de dos puntos de vistas para explorar el descubrimiento y la nueva percepción del valor de la vida.

En su desarrollo, el contenido temático del film se mantiene con un optimismo que entra en sintonía y a la vez en oposición con la melancolía del jazz, del blues. De ahí también la fuerte presencia visual de tonos azules que funcionan como extensión de las sensaciones. Pero argumentalmente pareciera que, al igual que Joe que se desvía de su viaje hacia el Gran Después, el film elude profundizar a fondo con el fuerte material que posee. Lo que hace que no solo se vuelva una comedia ligera para el disfrute de los niños, lo cual no es algo que esté mal, sino que también termina edulcorando los momentos de mayor fuerza narrativa. Los cuales, de seguir ese rumbo inicial, podrían haberse atrevido a reflexionar como nunca antes de la complejidad de su temática.

Soul abraza los sentimientos y la idea de aprovechar la corta chispa de la vida haciendo lo que realmente nos haga justamente sentirnos realmente vivos. En su fuerza, planteos  y poderío visual los realizadores llevan a cabo ese objetivo año tras año. Si bien en el camino la pasión o inspiración puede llegar a fluctuar, la pulsión de esa chispa, el fulgor del alma puesta en el arte siempre se encuentra en el lugar correcto. Soul no es la excepción de ello, aunque dicha chispa brille por momentos con menor intensidad, cuando mejor lo hace demuestra que sus personajes e ideas se encuentran más vivos que nunca y lejos, muy lejos, de acercarse a su final. En definitiva, que la música siga sonando.

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