Terror y mitos locales: El Diablo Blanco

“Una de terror” argentina siempre levanta expectativas: la función nocturna a sala casi llena en el Gaumont a la que asistimos dio fe de ello.

Un grupo de amigos va a pasar un fin de semana a unas cabañas cercanas a una laguna que quedan en medio de la nada, circunstancia que se ocupan de dejar en claro en los primeros minutos de película. Las náuseas de una de ellos son un mal augurio, y una extraña tumba, con una foto del difunto colgada cabeza abajo al costado de la ruta, enrarece un poco más el clima.

Fernando (Ezequiel Diaz), quien manejaba el auto y fue el ejecutor del plan de pasar unos días afuera, toma el rol protagónico: mientras todos duermen se adentra en la laguna, donde una aparición da inicio a la pesadilla.

Asesinatos y presunciones de rituales se suman a la  imposibilidad de escapar y a la duda de las verdaderas intenciones de Fernando: ¿está teniendo pesadillas, viendo cosas, o está “del lado del mal”? aaaahhh

Lo primero que hay que tener en cuenta para poder disfrutar la película es que justamente, como está anclada dentro del terror, las acciones y sobre todo los comportamientos no tienen por qué responder a una lógica realista o naturalista: algunas cosas que hacen los personajes y nosotros no haríamos (sobre todo porque sentado en la butaca y sin tu vida en peligro cualquiera razona con tranquilidad) responden más al código del género que a la vida real. Y justamente, estas acciones están puestas en función de generar tensión, suspenso, de meterse un poco en la boca del lobo, porque si los personajes se quedan sentados mirando por la ventana, no hay película (salvo en el caso de La Ventana Indiscreta, pero Hitchcock es otra cosa).

Si bien maneja un ritmo y una intriga que enganchan al principio, se desinfla un poco hacia el final. Pero no porque la segunda parte sea mala, sino porque el inicio parece prometer un baño de sangre que se hace esperar.

Con una muy buena construcción sonora y el plus de una leyenda local como respaldo, incorpora algunas vueltas de guión inesperadas y logra generar buenos momentos.

Ah. Y tiene una pequeña escena postcréditos, no salgan corriendo de la sala ni bien termina.

Por Ayi Turzi
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