The post: Spielberg “batiendo la posta” como siempre

Sin lugar a dudas Steven Spielberg es uno de los más grandes narradores no solo de nuestros tiempos, sino de la historia del cine. En The Post además se da el lujo de reunir a Tom Hanks y Meryl Streep para abordar una historia basada en hechos reales, que fueron fundamentales en la historia de la prensa no solo en los Estados Unidos. En esta nota te contamos por qué su nominación al Oscar está ganada en buena ley, aunque a nosotros los premios de la academia no nos desvelan en absoluto.

Allá por inicios de la década del 70, archivos confidenciales sobre la implicación del gobierno estadounidense en la guerra de Vietnam fueron robados, violando múltiples protocolos de seguridad. Gran parte de los archivos, conocidos como los “Papeles del Pentágono” llegó a las oficinas del New York Times, quienes publicaron la primicia. El gobierno de los estados unidos, argumentando que la información ponía en riesgo la seguridad nacional, llevó al medio a la corte para evitar que siga publicando información del caso, contradiciendo el principio de libertad de expresión. En estos días de tensión, otra parte de la información también llega a las manos de Ben Bagdikian (Bob Odenkirk), miembro de la redacción que lidera Ben Bradlee (Tom Hanks) en el Washington Post, primer periódico dirigido por una mujer:  Katharine Graham (Meryl Streep).

El primer elemento diferencial a mencionar son los movimientos de cámara. Habría que sacar el cálculo exacto, pero me arriesgo a apostar que el 85% de los encuadres tienen algún tipo de movimiento. Acompañar a los personajes, acercarse o alejarse en momentos dramáticos, describir espacios… a esto nos referimos cuando hablamos de lo gran narrador que es Spielberg. La música genera sentido en la misma dirección, uno siempre espera magia de John Williams y su talento, tras décadas de carrera, parece ser inagotable.

Hay dos temáticas centrales que, al seguir vigentes en la coyuntura actual, hacen que una problemática tan lejana como la tratada sea apasionante: la tensión entre los intereses gubernamentales (no sólo en Norteamérica) y la libertad de prensa, y el rol de la mujer en la sociedad.
Justamente en Argentina es cada vez más evidente que determinados discursos periodísticos se orientan a formar una opinión que puede ser funcional o no al poder de turno. Esta película, que se centra en “el detrás de escena” de la información que sale a la luz te deja pensando sobre millones de cosas: qué te dicen, cómo y cuándo te lo dicen, y por qué motivo lo hacen. Por supuesto, manifiesta una postura ideológica a favor de la libertad de prensa, sin traer al caso un hilado fino sobre otros intereses que pueden estar en juego en estas situaciones en la vida real, razonamiento que podría ser contradictorio con la hipótesis general del film.
La problemática femenina se pone de manifiesto a través del personaje de Katharine. El periódico era de su padre, quien se lo legó a su marido, y tras la muerte de este último quedó en sus manos. Intenta salvarlo de la quiebra pero el principal obstáculo para que los inversores apuesten es la incertidumbre que les genera que una mujer esté al mando. El tema es que la inseguridad que genera, no pasa en realidad por el hecho que sea mujer, sino que su personalidad es dubitativa, tibia. A través de armarse de confianza en sí misma logra el respeto del entorno cercano, haciendo valer su autoridad. El empoderamiento no termina en ella, sino que hay personajes secundarios e incluso diálogos que se incluyen en primer plano en murmullos colectivos que colocan a la mujer en un lugar central.

Lo que diferencia a las buenas películas de las películas del montón es sin lugar a dudas la emoción o la reflexión que generan en el espectador. Si sale de la sala pensando o conmovido, significa que se logró un buen resultado. The Post te hace identificarte con los personajes y compartir momentos de tensión y angustia, tiene pequeños toques de humor inteligente, abriendo la reflexión en dos temas muy actuales y dejándote un mensaje positivo “la unión hace la fuerza”.

por Ayi Turzi

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