Todos me miran, me miran, me miran: ACUSADA

Una leyenda al comienzo indica que la propuesta de Gonzalo Tobal no está basada en hechos reales. Ayi Turzi la vio y dice que le agregaría al final un “ah re”: le pareció que la asociación con casos de públicos conocimiento, en particular con el de Lucila Frend, es casi automática. En esta nota te cuenta un poco de qué va.

 

Dolores Dreier (Lali Espósito) es la única imputada por el crimen de su mejor amiga. Sus padres Luis (Leonardo Sbaraglia) y Betina (Inés Estévez) llevan dos años y medio invirtiendo todo su tiempo y dinero en la defensa de su hija, a cargo de un abogado de primera línea encarnado por Daniel Fanego. La evidencia que la incrimina es circunstancial, nada concluyente, pero ante la ausencia de otros sospechosos se convierte en la única acusada (Peter Griffin es el culpable que cada vez que escriba el nombre de una película en su reseña sin estar citando de modo directo el título me tiente de risa).

Acusada es una película que puede abordarse desde muchos lugares. Por un lado se la podría tildar de tibia o conservadora si centramos nuestra atención en el hecho de que es otra película de un adolescente lindo de clase media alta como potencial culpable de un acto y un despliegue de todos los recursos a su alcance para comprobar su inocencia. Sí, claro se la puede cuestionar por retratar un sector social que tiene dificultades inferiores a las que tendría por ejemplo una chica de una villa miseria en situación similar. Pero ¿no es extralimitarnos un poco pedirle a una película que cuente la historia que nosotros
queremos en vez de la que quiere contar?
Otra veta de análisis o interpretación son los vínculos familiares y su tratamiento, una de sus principales virtudes. Un padre obsesionado con el proceso judicial, tan exigente con las formas que deja de lado cualquier función de contención o protección que su propia filiación conlleva. En un punto, cegado por su propio perfeccionismo, podemos considerarlo como uno de los antagonistas de Dolores, en la medida que le exige comportamientos que, sumida en su propia crisis personal, no puede mantener.
Porque otra posibilidad de abordaje es, justamente, la crisis que atraviesa la protagonista. En una edad donde se supone que debería estar estudiando, saliendo con sus amigos y formando su vida, está atravesando un proceso judicial, acusada de un crimen cometido en situaciones que no recuerda del todo. Duda de lo que hizo, de lo que no hizo, de ella, y de las verdaderas intenciones de su entorno. La coartada propuesta por el abogado, repetida de modo incansable, empieza a confundir sus recuerdos reales. Y a todo esto sumado, la presión mediática sobre el caso.
En un país donde las masas opinan sin notar que sus opiniones están formadas por medios o comunicadores y en realidad no son propias, el caso Dreier se vuelve paradigmático. Lo más interesante, desde mi punto de vista, es cómo Tobal indaga en los
mecanismos que hacen a la construcción de una imagen pública. Cómo pararse, como hablar, en qué ángulo y hacia qué costado inclinar la cabeza son datos que la asesora de turno le menciona como al pasar, pero que se convierten en fundamentales a la hora de construir la defensa, quizás más que las evidencias materiales.


Con un conjunto de actuaciones sobresalientes, Acusada se convierte en una propuesta que seguramente divida aguas, dependiendo cómo se la encare. Véala y saque sus propias conclusiones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *