Trauma: un cachetazo al conservadurismo

Gran parte de las reseñas que circulan en internet sobre Trauma (2017, Lucio Rojas) se refieren a ella como “la película más controversial de Chile”. Ayi Turzi tuvo la posibilidad de ver esta película, estrenada en el Mórbido 2018, y les da la razón.

Camila (Macarena Carrere), Julia (Ximena del Solar), Andrea (Catalina Martín) y Magdalena (Dominga Bonfil) van a pasar unos días a una cabaña en medio del bosque. Andrea, hermana de Camila, no está del todo de acuerdo con su relación con Julia, quien,  para sumar tensión al asunto, empieza a coquetear con Magdalena. Claro que los roces entre ellas se vuelven anecdóticos cuando dos hombres aparecen en la cabaña en mitad de la noche y las someten a las más dolorosas vejaciones. Nada se sugiere, nada se insinúa: todo se muestra de modo explícito y visceral. Arranca con un ritmo que pone a prueba la resistencia del espectador al dolor y a la violencia, ritmo que se diluye llegando un poco al final, generando una resolución quizás un poco extensa en relación a los tiempos que la misma película plantea al comienzo.

 

Claro que no puede hacerse de la obra una lectura ajena a su contexto. Chile sufrió una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica y, a pesar de ello, parte de su sociedad sigue alineada al conservadurismo. En este contexto Rojas nos presenta a Juan, un niño que, durante el proceso militar fue torturado y obligado, entre otras cosas, a violar a su propia madre. El trauma de estas experiencias lo convirtió en un adulto violento y oscuro, uno de aquellos dos que disfruta al violar y torturar a las chicas. Aclaración importante: cuando digo que el trauma convirtió a Juan en este ser nefasto no quiero decir, en absoluto, que se justifiquen sus acciones. Al contrario: se exponen su violencia y su oscuridad al máximo, de modo explícito, usándolo como herramienta para incomodar al espectador poniéndolo de cara a una serie de tabúes de todo tipo. Porque Trauma, además de enmarcarse dentro del rape y revenge, es una historia de homosexualidad, incesto, canibalismo y pedofilia (entre otras cuestiones) que se apoya en una historia que incluye a los militares chilenos y las torturas y sometimientos que perpetraban. Y esta es la herramienta principal que tiene la película a la hora de perturbar: intercalar la tortura que sufren las protagonistas femeninas en el presente con las torturas de Juan en el pasado, recordándonos que los latinoamericanos compartimos una historia reciente nefasta y dolorosa.

Sin haber visto la totalidad de la filmografía chilena, quien suscribe no puede afirmar que es la película más controversial del país vecino. Pero por algo se ha ganado el mote. Y, si nos atenemos a lo que cuenta y como lo hace, la denominación es absolutamente justa.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *