¿Y si hacemos un muñeco de nieve?

Un policía alcohólico que necesita resolver un caso mientras lidia con sus problemas familiares, paisajes inmensos con un blanco predominante, y un asesino con un fetiche casi infantil a la hora de firmar sus “trabajos”. Todos estos elementos se pueden encontrar en El muñeco de nieve (The Snowsman, 2017), la película dirigida por el sueco Tomas Alfredson y basada en la novela de Jo Nesbø.

El film se centra en la historia del detective Harry Hole (Michael Fassbender) que junto a su colega Katrine (Rebecca Ferguson) intentan descubrir a un asesino serial que actúa cada vez que cae una nevada, desapareciendo a mujeres en matrimonios infelices y dejando a su paso un muñeco de nieve como marca de autor, sin mencionar su fascinación por mutilar algunos miembros de las víctimas.

La película que en su trailer parecía de terror, termina siendo un policial con chispazos de thriller. Un principio lleno de tensión y situaciones traumáticas para los personajes que aparecen en ese momento (entre los que se cuenta una violación y un suicidio). Todo esto es interrumpido rápidamente para darle paso a la historia del detective Hole, que se torna lenta y con pocas emociones. Las escenas siguientes se suceden a la velocidad de alguien que camina por la nieve. Se muestran momentos macabros, sangrientos, descubrimientos de corrupción y hasta giros inesperados (para los personajes). Recién por la mitad aparecerán situaciones que intentan avanzar con la resolución del caso y aumentar la intriga, pero solamente por breves minutos.

La actuación de Michael Fassbender es correcta y sin arriesgar demasiado. También podemos encontrar participaciones especiales de un J.K.Simmons que resulta misterioso y un Val Kilmer que solamente aparece para dar lástima. Sin embargo, la verdadera protagonista es la nieve, que aparece majestuosa en cada paisaje que se muestra cuando se abre el plano.

Una trama para jugar a ser detectives desde el primer minuto, invitándonos a seguir las pistas que nos llevará a tener la más variada gama de sospechosos que van desde un empresario con secretos oscuros hasta un médico abortista. También nos podemos entretener con los planos muy bien escogidos por el director, que oscilan con elementos como la simetría y los detalles dándole una textura especial a la fotografía.

El verdadero desafío que tendremos como espectadores será no distraernos con la historia personal de Harry Hole mientras intentamos descubrir al asesino en las casi dos horas de película (que tranquilamente podría haber sido un episodio más de alguna miniserie policial).

Tres observaciones finales:

  • Banco mucho a Michael Fassbender desde que hizo Bastardos sin gloria (Inglourious Basterds, 2009). Así que todo perdonado.
  • ¿Qué te pasó Val Kilmer? Una vez fuiste Batman.
  • Después de ver la película me dieron ganas de ver El código Da Vinci (The Da Vinci Code, 2006) y Frozen: una aventura congelada (Frozen, 2014).

por Sebastián Saez

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