Colorín colorado, ¿la Unión Soviética se ha acabado? (perduran sus películas)

por Lucas Salvi

De más esta aclarar el papel que ha tenido la Unión Soviética a lo largo de la historia del cine. En palabras de Vladimir Ilyich Lenin (1919): “de todas las artes, el cine es para nosotros la más importante. Debe ser y será el principal instrumento cultural del proletariado”.

Gran parte de la teoría sobre el montaje cinematográfico se ha consolidado en territorio soviético: Serguéi Eisenstein, Vsévolod Pudovkin, Dziga Vertov y Lev Kuleshov son algunos de los nombres que más han quedado marcados en la historia.

Y así como Estados Unidos y la Unión Soviética han sido protagonistas de muchísimos enfrentamientos a nivel político y social; la guerra se extiende en el arte cinematográfico. El cine soviético y el estadounidense han tenido magníficas diferencias, aunque también algunas similitudes. Hay que partir de la idea del sueño americano y el nacionalismo soviético: dos cines que buscan que el público se sienta cómodo en sus sistemas. Uno es capitalista y el otro, naturalmente, comunista. Sin embargo, los modos de acción han sido muy distintos: mientras la Unión Soviética apostó por el intelectualismo y el montaje, los Estados Unidos (Hollywood) apuntaron a tramas banales, masivas y para todo público.  

Teniendo en cuenta la cantidad de grandes obras cinematográficas que han sido producidas durante la existencia de la Unión Soviética, cabe preguntarse por qué en esta columna se analiza a Jack Frost (1964) de Aleksandr Rou, que es una película infantil con muchos personajes mágicos.

Todo el mundo conoce algún cuento maravilloso. Disney y las grandes compañías estadounidenses han adaptado la gran mayoría y, aún en 2021, existe un gran “boca en boca” que difunde este tipo de historias por el mundo. El título de la película, “Jack Frost”, hace referencia al personaje folclórico de la cultura europea. Su historia tuvo un acercamiento masivo al público general cuando Dreamworks lo convirtió en el protagonista de Rise of the Guardians (2012) de Peter Ramsey. Sin embargo y aunque su nombre es el título de la película, el rol de este personaje está muy alejado del papel protagónico.

En el filme ruso se narran las historias de Nastenka e Iván: la primera, una joven que vive en un pequeño pueblo con su padre, su malvada madrastra y su egoísta hermanastra. Y la segunda, un joven apuesto que no hace nada más que admirar sus facciones en un espejo de mano. Son dos historias muy alejadas entre sí: un personaje que lo tiene todo, y otra que tiene sólo dolor y abuso. Así comienza el film. Sus caminos se irán cruzando poco a poco, y diversos y mágicos personajes justificarán el encuentro de amor, propio de un cuento de hadas.

Hay varios aspectos para destacar sobre  la película y la dirección de Rou, es uno de ellos. Son contadas las veces que alguien escribió un guión tan cargado de moralina y personajes folclóricos y, sin embargo, triunfó para contarlo. La puesta en escena que propone Aleksandr Rou es la perfecta combinación entre magia y realidad, amor y odio, el uno mismo y los demás. Supo poner todo en equilibrio sin generar excesos.

El tema de la película (lo maravilloso)tiene tanta fuerza que se ubica por encima del aspecto narrativo. El esquema es clásico (sistema lógico-causal), pero no por eso resulta redundante o cliché. Tal vez porque lo  maravilloso provoca tal asombro en el espectador que éste se olvida de la banalidad de la narración.

Para finalizar este pequeño análisis, vale la pena resaltar el excelente trabajo de vestuario, decorados y dirección de arte. ¿Cómo fue posible, en 1964, vencer a los efectos visuales de las historias del cine moderno? Arseni Klopotovsky y Yevgeni Galey tienen la respuesta: el código estético de la película acompaña el verosímil que propone el argumento. La película se apoya en el pacto ficcional que ofrece cada cuento maravilloso: todo vale, no hay reglas. Si bien la Unión Soviética ya no existe, ha dejado un enorme repertorio de mundos por descubrir, personajes que conocer y films por visionar. ¡Colorín colorado, a mirar películas estás invitado!

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